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Mudanzas

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Mudanzas

En época estival se habla mucho sobre viajes.

Cambiar de aires, descansar, perder de vista el trabajo e incluso a nosotros mismos, a lo que somos en la vorágine cotidiana, para encontrarnos de otro modo.

Estos tópicos más o menos ciertos van siempre asociados al movimiento, a tomar, literalmente, distancia.

Pero ahora, aprovechando la desaceleración vacacional, también abundan otro tipo de desplazamientos que rara vez se conciben como viajes, aunque lo sean a su manera, incluso más profundamente si pensamos en estos como transformación y búsqueda.

Me refiero a las mudanzas , cuya épica casi siempre es negativa.

Cuando le dices a alguien que te estás mudando, la respuesta es una suerte de pésame, de pesar, de pesadez, como si tu interlocutor cargase cajas contigo y tuviera su vida tan al retortero como la tuya. «¡Ánimo!», nos dicen y decimos, incluso si nos estamos instalando en un lugar mejor.

Nos vamos a vivir a otra calle, a otro barrio, a una ciudad distinta, a un pueblo, al campo.

Ahí también hay todo un periplo, pero parece que no lo vemos de primeras, o más exactamente: lo que se evidencia es lo que pesan nuestras cosas en ese trasladarse de un sitio a otro, el peso que representan, tan simbólico de la conmoción interior que supone cualquier cambio de residencia.

Incluso la persona menos dada a las interioridades, y con más dinero para evitarlas, debe enfrentarse a desembalar alguna que otra caja y a decidir sobre unos enseres que, como casi todo en esta vida, hablan de nosotros: de las personas que fuimos y ya no somos, de lo que quisimos o creímos ser, de lo que no estamos dispuestos a seguir sosteniendo.

Pero lo que se pone aquí en juego es algo más importante: nuestra idea de hogar.¿Qué es un hogar? La primera acepción del Diccionario de la Real Academia remite al lugar de la casa donde se hace la lumbre, lo que resulta muy preciso, pues, aunque apenas usamos ya 'hogar' en un sentido literal, su metáfora contiene lo que le pedimos a una casa: un sitio que sirva para resguardarnos del frío, en el que alimentar cuerpo y espíritu, y sentirnos acogidos y reconocidos.

Cuando nos planteamos cambiarnos de casa aparece siempre en el horizonte nuestro hogar ideal, ya sea como posibilidad si podemos irnos a un lugar que nos guste, ya como renuncia si no disponemos de medios o tenemos que acomodarnos a un entorno difícil.

Por otra parte, en nuestra idea de hogar a menudo arrastramos las casas del pasado: aquellas donde transcurrió nuestra infancia, o las casas de nuestras abuelas, en las que pasamos los largos y gozosos veranos; o las de nuestros primos o nuestros mejores amigos.

Todos los hogares que nos constituyeron, amados u odiados, reviven cada vez que debemos construir uno nuevo.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.

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