El terremoto de magnitud 7,8 que sacudió Granada en 1954 sin provocar una catástrofe: la clave estaba a 657 kilómetros de profundidad
Un terremoto de magnitud 7,8 sacudió Granada el 29 de marzo de 1954 .
Sobre el papel, la cifra invitaba a pensar en una catástrofe.
El registro situaba el episodio entre los mayores documentados instrumentalmente en España, pero sus efectos en superficie no se correspondieron con la energía liberada: no hubo víctimas y los daños fueron puntuales .
La intensidad máxima alcanzó el grado V en la escala macrosísmica europea EMS-98 , un dato que evidencia la diferencia entre el tamaño de un seísmo y la fuerza con la que termina sintiéndose sobre el terreno.
La aparente paradoja tenía una explicación geológica muy concreta, aunque para encontrarla había que descender cientos de kilómetros hacia el interior de la Tierra.
Por qué el terremoto más potente no fue el más destructivo La clave estaba en el origen del terremoto: su hipocentro se situó a 657 kilómetros de profundidad , muy cerca de los aproximadamente 700 kilómetros que marcan el límite de la sismicidad conocida.
A diferencia de un seísmo superficial, las ondas liberadas bajo Dúrcal tuvieron que recorrer cientos de kilómetros a través del interior terrestre antes de alcanzar la superficie.
En ese trayecto, la energía se distribuye y la amplitud de las ondas se atenúa con la distancia.
De ahí la aparente contradicción: el 7,8 medía la magnitud del terremoto en su origen, no la intensidad de la sacudida que acabaría sintiéndose en Granada .
Esa enorme profundidad explica, en buena medida, por qué un episodio de tal magnitud produjo efectos relativamente limitados sobre el terreno.
El contraste con otro terremoto de Granada permite comprender mejor la diferencia entre magnitud e intensidad.
El 25 de diciembre de 1884, Arenas del Rey sufrió un seísmo de magnitud estimada de 6,5 Mw , considerablemente menor que el 7,8 de Dúrcal.
Sus consecuencias, sin embargo, fueron mucho más destructivas: alcanzó una intensidad de IX-X y dejó entre 750 y 900 víctimas, además de 4.400 edificios destruidos y otros 13.000 afectados con distinta gravedad , según los datos del Instituto Geográfico Nacional.
La profundidad, por tanto, constituye una pieza decisiva del puzle, aunque no es la única: también influyen la distancia respecto a las poblaciones, el tipo de suelo, las características de la ruptura, la densidad urbana, la vulnerabilidad de las construcciones y la preparación ante el riesgo sísmico. ¿Qué es un enjambre sísmico? La explicación tras el terremoto de Granada El Confidencial La provincia de Granada vuelve a estar en el centro del análisis geológico tras registrar una sucesión ininterrumpida de temblores, culminada por un seísmo de magnitud 4,8.
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