En 1945, EEUU gastó una fortuna intentando crear un "superperro": 500 cachorros y 13 años después descubrieron el problema
Estados Unidos puso en marcha tras la Segunda Guerra Mundial uno de los experimentos caninos más ambiciosos jamás realizados: más de 500 perros, 13 años de investigación y 632.000 dólares de la época , cerca de nueve millones actuales, para estudiar hasta dónde podía llevarles la genética.
Detrás estaba la Fundación Rockefeller y una pregunta heredada de una época mucho más oscura: si se elegían los genes adecuados, ¿sería posible criar un perro extraordinariamente inteligente? La escuela del perro perfecto.
El proyecto arrancó en Maine a mediados de los años 40 y acabó siendo conocido como la School for Dogs .
Los investigadores John Paul Scott y John Fuller dispusieron de unas instalaciones enormes, decenas de trabajadores y cinco razas (cocker spaniel, beagle, pastor de Shetland, basenji y fox terrier de pelo duro) cuyos cachorros podían seguir desde el nacimiento.
Registraban su primer sobresalto, sus juegos, cuándo empezaban a comer sólidos o a mover la cola y, desde las cinco semanas, los sometían a pruebas de inteligencia, aprendizaje, dominancia, personalidad y capacidad de entrenamiento En Xataka Alguien ha organizado en Madrid una maratón de perros.
Cómo no, es la más grande de Europa Una respuesta sobre los humanos.
La magnitud del proyecto se entiende mejor por el momento histórico en que nació.
El Holocausto había desacreditado la eugenesia y sus pretensiones de mejorar al ser humano mediante la selección genética , mientras algunas figuras influyentes seguían convencidas de que la herencia explicaba buena parte de la inteligencia y el comportamiento.
Entre ellas estaba Alan Gregg , responsable de ciencias médicas de la Fundación Rockefeller, que vio en los perros una extraordinaria oportunidad para estudiar esa hipótesis sin experimentar con personas: si la inteligencia dependía fundamentalmente de los genes, cruzar los ejemplares adecuados debería permitir concentrarla generación tras generación.
El experimento consistió en criar cinco razas de perros diferentes, pero ninguna mostró potencial para la cría de un "superperro" Los cachorros desmontan la teoría.
Los perros recorrieron laberintos, resolvieron problemas y repitieron ejercicios destinados a medir cuánto aprendían.
Algunas razas destacaban en determinadas pruebas y otras lo hacían en tareas diferentes, sin que apareciera una campeona absoluta capaz de reunir todas las cualidades buscadas.
El comportamiento también cambiaba con las circunstancias: los fox terrier podían mostrar mayor agresividad y los basenji reaccionaban con miedo ante determinadas situaciones, mientras el contexto modificaba considerablemente esas respuestas.
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