Juan Antonio González, albañil: “El polvo de la obra que respirábamos antes nadie pensaba que fuera peligroso”
Juan Antonio González, exalbañil, desarrolló silicosis tras años expuesto al polvo de materiales como aglomerados de cuarzo sin la protección adecuada.
La silicosis, causada por la inhalación de polvo con sílice cristalina, ha resurgido en España, especialmente entre trabajadores de marmolerías, talleres de piedra y construcción.
Entre 2007 y 2024 se notificaron 5.900 casos de silicosis como enfermedad profesional, siendo el 47,8% relacionados con la manipulación de aglomerados de cuarzo y piedra natural.
Especialistas advierten que la silicosis por piedra artificial progresa rápidamente y afecta a trabajadores jóvenes, reclamando medidas más estrictas de prevención y sustitución de materiales peligrosos.
El polvo ha formado parte de las obras durante generaciones. Cortar una piedra, perforar una pared, demoler hormigón o trabajar determinados materiales puede levantar nubes que terminan sobre la ropa, el pelo y prácticamente cualquier superficie. El problema es que una parte de ese polvo puede llegar mucho más lejos: hasta el interior de los pulmones.
Juan Antonio González empezó a trabajar con apenas 16 años, durante los años de mayor actividad de la construcción. Entró en una marmolería y comenzó a fabricar encimeras cuando materiales como los aglomerados de cuarzo se extendían rápidamente por las cocinas españolas.
Por entonces, recuerda, aquellos materiales se manipulaban prácticamente de la misma manera que el mármol o la piedra tradicional. Se cortaban, pulían y ajustaban mientras enormes cantidades de polvo quedaban suspendidas alrededor de los trabajadores.
“Era todo polvo. Una nube que no veías al compañero hasta que no estabas encima” , explicaba González al elDiario.es al recordar aquellos años. La protección tampoco era comparable con las precauciones que actualmente se recomiendan frente a la sílice: “Si acaso, una mascarilla como de papel”.
Aquello acabó teniendo consecuencias extraordinariamente graves. En 2016, con poco más de una década de exposición, González comenzó a notar que algo no funcionaba bien. Primero apareció la sensación de ahogo. Después llegó el diagnóstico: silicosis.
La enfermedad continuó avanzando incluso después de abandonar aquel trabajo. Pasó de una silicosis simple crónica a una forma complicada y posteriormente progresiva. Su capacidad pulmonar llegó a reducirse hasta aproximadamente el 33%.
En mayo de 2023, con 34 años, terminó necesitando un doble trasplante pulmonar en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. “Me dijeron que tenía un 80% de probabilidad de no salir; imagínate, con una niña pequeña”, contó posteriormente.
Su historia representa uno de los casos más extremos de un problema laboral que España creyó durante décadas asociado principalmente a los mineros, pero que ha reaparecido con fuerza entre trabajadores de marmolerías, talleres de piedra y construcción.
No todo el polvo presente en una obra tiene el mismo riesgo.
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