El Gobierno aplica por fin el primer plan para poner orden en Ceuta
El aspecto de la playa del Trampolín, donde cientos de inmigrantes se habían instalado en condiciones infrahumanas tras negarse a abandonar Ceuta, era el de un campamento en el que las personas empezaban a echar raíces.
Subsaharianos que montaban puestos con algo de comida, tabaco o zapatillas que pertenecieron alguna vez a las 141 personas que perdieron la vida en el fatídico cruce masivo.
Había marroquíes que levantaban una especie de mezquita con cartones de leche o improvisaban salones de barbería.
Chozas, de unos y otros, que iban cogiendo cuerpo más allá de las primeras cañas que las sostenían.
Como si todos, siendo solo cifras estimadas para las administraciones, asumiesen que su vida iba para largo sobre la arena.
Hasta ayer, 21 días después de la avalancha, que de un plumazo tardío dejaron de ser invisibles.
Por muchas fotos en portadas de periódicos que hayan acaparado.
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