Entre el bum y el riesgo de burbuja: el futuro de los centros de datos en España
La fábrica electroquímica de Flix (Tarragona, 3.320 habitantes), localidad insignia de la industria catalana del siglo XX, cerró definitivamente sus puertas el último día del año 2022.
Pero allí quedaron sus huellas, y no solo en forma de ruinas, también en un pantano que soportó décadas de vertidos de mercurio.
Esa página no pasó hasta 2023, cuando terminaron las labores de descontaminación.
Este pasado julio, cuando el espacio parecía irremediablemente abocado al abandono, se dio un giro de guion en forma de centro de datos.
La tecnológica Submer anunció una lluvia de millones —unos 1.000— para transformar esa planta en una nueva que albergue la infraestructura sin la que la inteligencia artificial no funciona.
Estiman que dejará unos 150 empleos.
Todos cualificados.
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