Turismo de pantalla: «Un vídeo viral atrae como antes años en portadas de revistas»
Turismo de pantalla o 'screen tourism', una nueva lógica para la promoción de pueblos -incluso desconocidos- con el poderoso potencial de atracción de visitantes del rodaje allí de películas o series, aunque también con riesgos y un impacto.
Un estudio de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) ha profundizado en este fenómeno con datos elocuentes.Localizaciones rurales como Osuna (para 'Juego de Tronos') o el interior gallego ('As Bestas') han incrementado entre un 5% y un 15% la actividad económica en su primer año gracias esa repercusión en el mundo audiovisual. «La Marbella de los 90 se construyó sobre la crónica social y el papel cuché mucho antes de que existiera Netflix; lo que entonces tardaba años de portadas, hoy lo consigue un vídeo viral en cuestión de horas», resume, a modo de ejemplo, Alejandro San Nicolás, experto en economía digital y docente de la VIU que ha llevado a cabo esta investigación.
El turismo tradicional, impulsado por ferias, folletos y el clásico 'sol y playa' está siendo superado por la velocidad de la cultura del streaming y el fenómeno en redes sociales. «El 'screen tourism o turismo' de pantalla ha demostrado su capacidad para descentralizar los flujos de viajeros hacia regiones inesperadas, incrementando la ocupación hotelera de un municipio entre un 20% y un 50% durante el primer año», señala.Estas cifras incluso se disparan más cuando el lugar tiene un tejido productivo de menos dimensiones.No obstante, advierte de que fiar el crecimiento al «éxito efímero» de una serie crea una «burbuja», y define este fenómeno como un «parque temático invisible» que abre sin planificar aforos.
Ante el riesgo de «colapso», este docente sugiere exigir un 'fee' o fianza a los operadores audiovisuales, similar a las garantías de restauración en la minería, aplicando el principio de «quien impacta, paga por delante».«El folleto turístico más caro» de la historiaAhora, «el algoritmo ha invertido la dirección del deseo turístico», a su juicio. «Antes el viajero buscaba el destino en guías; ahora la demanda no se genera en la agencia de viajes, se siembra en la pantalla desde el sofá».
Se trata, en sus palabras, del «folleto turístico más caro jamás producido, y el pueblo ni lo ha pagado ni lo ha planificado: el parque abre de un día para otro, sin taquilla y sin aforo».
Este fenómeno no se limita a la ficción, ya que influencers, políticos y famosos también redirigen flujos; la diferencia radica en la velocidad y la escala.
Ese éxito repentino obliga a las administraciones a afrontar el dilema de tratar el fenómeno como una «oportunidad» (reforzando servicios y fijando límites) o como una «amenaza» (mediante prohibiciones y bandos municipales).
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