Los drones rusos acorralan a Moldavia
Una fuerte explosión sacudió Colonita, una pequeña localidad que forma parte del municipio de Chisináu, a las 4.20 de la madrugada del pasado 18 de septiembre. Sus vecinos vieron un resplandor cegador y escucharon un estruendo aterrador que hizo temblar las casas. Seis horas más tarde, los equipos de emergencia encontraron los restos de un dron ruso , incluido el motor, desperdigados por un terreno agrícola. El aparato había caído a unos siete kilómetros del centro de la capital moldava, donde viven más de 700.000 personas. No había sido detectado por los sistemas de vigilancia, algo que el Ministerio de Defensa atribuyó a la velocidad y la baja altitud a la que volaba.
La invasión rusa de Ucrania , iniciada en febrero de 2022, no ha convertido en campo de batalla a esta antigua república soviética de 2,4 millones de habitantes, neutral por mandato constitucional y que aspira a ingresar en la Unión Europea en 2030. Pero sí ha hecho de su espacio aéreo una zona cada vez más expuesta: drones y misiles rusos atraviesan la frontera con una frecuencia inusual en los primeros años de la guerra y que, sin embargo, ha pasado a ser rutina en los últimos meses.
Hasta el 7 de octubre, Defensa ya había contabilizado 56 violaciones del espacio aéreo moldavo este año, frente a las 17 de todo 2025, las diez de 2024, las seis de 2023 y las cuatro de 2022. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, la cifra acumulada asciende a 93 incidentes, 56 de ellos con drones, 12 con aeronaves no tripuladas de señuelo y siete con misiles. En otros 17 casos se trató de fragmentos de estos artefactos y en uno, de un globo. Hasta 13 de estos casos terminaron con explosiones en tierra, y en una decena larga de ocasiones fue necesario cerrar el espacio aéreo por razones de seguridad. La tendencia, sin embargo, se ha disparado en las últimas semanas.
El pasado 24 de septiembre, el mismo día que el Ministerio publicó esos datos, cuatro drones surcaron el cielo moldavo —uno de ellos se estrelló en el norte del país— y seis días después otros tres aparatos penetraron en su territorio mientras Rusia lanzaba una nueva oleada de ataques contra Ucrania. Pero el episodio más crítico hasta entonces llegó el 3 de octubre. En apenas unos minutos, dos drones y tres misiles entraron en el espacio aéreo moldavo y acabaron explotando. Dos de esas explosiones tuvieron lugar a 35 kilómetros de la capital.
La presidenta de Moldavia, la europeísta Maia Sandu, ha denunciado que la guerra “pone en peligro directo la vida de los ciudadanos moldavos” y ha reclamado una respuesta europea más contundente. El Ministerio de Exteriores, a su vez, ha convocado al embajador ruso para presentarle una protesta formal. Por su parte, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha tachado de “inaceptables” las nuevas y repetidas violaciones del espacio aéreo moldavo, y enmarcó estos episodios dentro de una escalada de ataques híbridos atribuidos al Kremlin en Europa . Moscú rechaza las acusaciones.
Algunas incursiones han obligado a interrumpir incluso de manera temporal el aeropuerto internacional de Chisináu.
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