La recomendación de un pediatra ante las infecciones con la vuelta al cole: «Debemos observar si el niño consigue beber»
La vuelta al colegio no solo trae libros, horarios y actividades extraescolares.
También marca el inicio de unas semanas en las que suelen aumentar las infecciones infantiles y, con ellas, las consultas a Pediatría y Urgencias.
Catarros, faringitis, bronquitis, bronquiolitis, gripe y gastroenteritis son algunos de los procesos más habituales en esta época, favorecidos por el contacto estrecho entre los niños en las aulas, comedores, patios y actividades extraescolares.El doctor Rafael González de Caldas , pediatra del Hospital Quirónsalud Córdoba , explica que este incremento afecta especialmente a los más pequeños, cuyo sistema inmunitario todavía está en desarrollo y que pueden tener más dificultades para mantener de forma constante medidas básicas de higiene.«Durante las primeras semanas de colegio es habitual observar un aumento de las infecciones respiratorias y gastrointestinales.
La mayoría son procesos leves y autolimitados , pero pueden afectar al bienestar del niño, alterar su sueño y alimentación y favorecer el contagio dentro del entorno familiar», señala el especialista.¿Cuándo hay que llevar a un niño a Urgencias?Una de las principales dudas de las familias cuando aparecen los primeros síntomas es saber cuándo un proceso habitual requiere una valoración médica.
En este sentido, el pediatra recomienda fijarse especialmente en el estado general del menor y en cómo evoluciona el cuadro, más que en un síntoma aislado.La dificultad para respirar , una respiración rápida o con esfuerzo, un decaimiento importante o una somnolencia fuera de lo habitual son señales que deben motivar una valoración médica.También es aconsejable acudir a Urgencias cuando el niño no consigue mantener líquidos debido a los vómitos, presenta signos de deshidratación o experimenta un empeoramiento progresivo.La dificultad para respirar, somnolencia y deshidratación deben motivar una valoración médicaEn el caso de las gastroenteritis , precisamente la pérdida de líquidos constituye uno de los principales riesgos. «Más que fijarnos únicamente en el número de vómitos o deposiciones, debemos observar si el niño consigue beber , si tolera líquidos y si continúa orinando con normalidad», explica González de Caldas.La sequedad de boca, la ausencia de lágrimas al llorar, una disminución importante de la orina o un decaimiento acusado pueden ser signos de deshidratación.En los lactantes más pequeños, especialmente en los menores de tres meses, la aparición de fiebre requiere una valoración médica.
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