Naoki Hamaguchi lleva doce años pensando en 'Final Fantasy VII', también cuando intenta relajarse en un balneario japonés
Hay muchas formas de arruinar una escapada familiar a un 'onsen', pero llevarse un portátil al agua es, sin duda, una de las peores.
En esos balnearios termales de Japón, Naoki Hamaguchi encontró la manera de combinar el vapor curativo con las entregas de producción.
La escena roza el esperpento: metido en una bañera privada de madera, con las piernas sumergidas casi por completo en el agua hirviendo y los pies achicharrándose a gusto, el director de uno de los videojuegos más esperados de la década trabajaba con el ordenador apoyado sobre las rodillas.Su mujer y sus hijos entraron en la estancia, lo vieron en semejante postura y no supieron si llamar a un médico o a un sacerdote. «Mi familia se quedó un poco preocupada», recuerda hoy entre risas.
Para Hamaguchi, las vacaciones no existen en el sentido tradicional. «Aunque sean mis días libres, suelo llevar el ordenador portátil para poder trabajar ahí.
Es lo que toca».La estampa de un tipo enjuagándose mientras compila código resume a la perfección el nivel de absorción en el que vive.
Naoki Hamaguchi, formado como programador técnico antes de que lo ascendieran a la planta noble de la dirección, lleva más de una década al frente de la reescritura de 'Final Fantasy VII'.
Hablamos de la trilogía con la que Square Enix intenta rehacer un clásico de 1997. «Estos últimos doce años he estado los 365 días pensando en esta serie».
Cuatro mil días sin descansar del juego.
Ni en el baño.Un clásico, y una paradoja de la fidelidad Cuando 'Final Fantasy VII' salió para la primera PlayStation en 1997 supuso un antes y un después para toda una generación; el momento en que los videojuegos demostraron que podían contar historias complejas y dramáticas.
La aventura del mercenario Cloud Strife, la guerrilla ecoterrorista Avalanche contra la corporación Shinra y la sombra de Sephiroth quedaron marcadas en la memoria colectiva.
Aquella saga había nacido en 1987 cuando Hironobu Sakaguchi, al borde de la bancarrota, bautizó el juego como «Final» pensando que sería su despedida de la industria.
El invento no solo salvó a la compañía, sino que fundó un imperio.Naoki Hamaguchi, director de 'Final Fantasy VII: Resonance' en su panel de la San Diego Comic-Con de Málaga Alex ZeaCasi treinta años después, tocar la séptima entrega es meterse en un avispero.
La trilogía —compuesta por 'Remake', 'Rebirth' y el desenlace 'Revelation'— promete fidelidad, pero en la práctica es una máquina de alterar acontecimientos, cambiar itinerarios y resucitar o alterar destinos.
Para algunos puristas, cada cambio roza la traición; para otros, es la única forma de que una historia conocida no aburra a las ovejas.
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