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Las manos después del terremoto: la solidaridad que sostiene a Cali tras la tragedia

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Las manos después del terremoto: la solidaridad que sostiene a Cali tras la tragedia

Dicen que los colombianos son trabajadores, que han aprendido a levantarse a lo largo de los años después de cada una de las dificultades que ha atravesado su país.

Dicen también que son amables y solidarios.

Quienes llegan de visita suelen terminar reconociendo esa sonrisa gentil y una capacidad particular para seguir adelante, incluso cuando las circunstancias parecen empeñadas en decir lo contrario.Colombia conoce bien las tragedias.

En 1985, la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una avalancha que arrasó Armero, en el departamento del Tolima, y dejó una de las imágenes más dolorosas de la historia reciente del país.

A ello se suman décadas de violencia y conflicto armado que han obligado a millones de colombianos a reconstruir sus vidas después de perder familiares, hogares o territorios.Sí, los colombianos saben lo que significa empezar de nuevo cuando parece que todo se ha ido.

Pero también han aprendido algo más: a extender la mano cuando es otro quien lo ha perdido todo.

Y estos días, en Cali, esas manos están por todas partes.Unas levantan escombros.

Otras cargan cajas con alimentos.

Algunas sostienen una linterna durante toda la noche para que un bombero pueda continuar buscando.

También están las que preparan una cama para una familia que ya no tiene dónde dormir.Después del terremoto del 10 de agosto, mientras la ciudad intenta comprender la magnitud de lo ocurrido, una red espontánea de solidaridad se extiende entre edificios clausurados, centros de acopio, albergues y zonas de rescate.Perderlo todo y seguir en pieLaura mira con tristeza el edificio que hasta hace unos días era su casa.Permanece unos minutos frente a él, casi inmóvil, intentando comprender todo lo que ha ocurrido desde aquella mañana.

El edificio Sottomonte, situado en una de las zonas más afectadas del sur de Cali, permanece clausurado debido a los graves daños que sufrió su estructura.

Una cinta amarilla rodea ahora el perímetro y marca una frontera sencilla pero dolorosa : de este lado se puede estar; del otro, ya no.El terremoto del 10 de agosto obligó a Laura a bajar rápidamente por las escaleras.

Salió entre polvo, escombros y el desconcierto de quienes todavía intentaban comprender por qué se movía todo a su alrededor.Como muchos caleños, aquella mañana se preparaba para comenzar una semana laboral cualquiera.

No hubo tiempo para recoger documentos, ropa ni objetos personales.

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