Farcama celebra la tradición y el futuro de la artesanía: «Que esto siga para adelante»
«Que esto siga para adelante».
Es el deseo que Rafael Cebrián Molina expresó este viernes al recoger, a sus 92 años, la Medalla al Mérito Artesano de Castilla-La Mancha.
Lo dijo después de una vida dedicada al barro, de décadas junto al torno y de haber aprendido el oficio de su padre.
Su voz resumió el sentido de una ceremonia que fue mucho más que una entrega de premios: un reconocimiento a quienes mantienen vivas las manos, los conocimientos y la memoria de la artesanía.La 45 edición de la Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha (Farcama), que se celebra en el parque de la Vega de Toledo hasta el lunes , ha reservado uno de sus momentos más emotivos para homenajear a los artesanos.
A los que llevan toda una vida entregados a su oficio; a quienes ya no están, pero han dejado una huella imborrable en sus talleres; y a las nuevas generaciones que recogen el testigo sin renunciar a la tradición, pero aportando nuevas ideas, diseños y materiales.El acto de entrega de las distinciones al mérito artesano y de los Premios Regionales de Artesanía ha estado presidido por la consejera de Economía, Empresas y Empleo, Patricia Franco, junto al concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Toledo, Juan José Alcalde ; la presidenta de la Diputación provincial, Concepción Cedillo, y el presidente de Fracaman, Roberto Perea.La historia de Rafael Cebrián , alfarero de La Roda, representa como pocas esa continuidad.
Nació en Chinchilla en 1934, donde su padre tenía una alfarería.
La familia tuvo que trasladarse a La Roda después de que les expropiaran el taller por la presencia de unos polvorines en la zona.
Allí su padre volvió a levantar el horno y las balsas, y Rafael empezó a trabajar con él cuando tenía 12 años.Pucheros, cazuelas y piezas para la cocina fueron sus primeras tareas, en una época en la que la cerámica formaba parte de la vida cotidiana.
Siguió trabajando durante décadas, hasta que sus hijos tomaron el relevo del negocio familiar.
Pero el oficio no se olvida fácilmente.
Cuando supo que iba a recibir la medalla, decidió volver a tocar el barro para comprobar si aún recordaba los movimientos de toda una vida.«Como hacía ya 40 años que no había tocado el barro, aunque estaban mis hijos trabajando, pensé: voy a probar, no vaya a ser que eche mano y se me haya olvidado», contó.
Comprobó que conservaba los conocimientos, aunque ya no la fuerza necesaria para levantar el barro como antes.
Su emoción al recoger el reconocimiento estaba ligada también a ese legado que continúa en manos de sus hijos.La consejera Patricia Franco destacó precisamente que Cebrián no se ha apartado del torno durante toda su vida y puso en valor que su familia siga manteniendo viva la tradición.
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