El nacimiento de la centenaria hermandad de San Esteban en la sacristía de San Bartolomé
Después de festejar con intensidad las populares Cruces de Mayo, aquella Sevilla de 1926 que se encontraba en un momento de profunda transformación urbanística preparando la llegada celebrativa de la Exposición Iberoamericana de 1929, tenía su Ayuntamiento gobernado por una Gestora municipal bajo la dictadura militar impuesta por Primo de Rivera, en medio de cierta inestabilidad política porque se cocinaba ya el intento de golpe de Estado de la «Sanjuanada», aunque la sublevación terminaría fracasando.
En el plano religioso, el Arzobispado hispalense lo regía desde el año 1920 don Eustaquio Ilundain, quien, después de haber sido nombrado cardenal en 1925, se propuso reafirmar la potenciación de Acción Católica, con el propósito de contrarrestar el desarrollo del liberalismo anticlerical y mantener así el papel central de la Iglesia en la vida diaria de los sevillanos.
Para ello no escatimó esfuerzo en sostener la ferviente devoción popular de las hermandades de gloria y penitencia, para lo que incorporó no pocas cofradías a la carrera oficial desde su nombramiento como arzobispo.Todavía era un espacio urbano de gran trasiego humano y comercial el barrio de San Bartolomé y la Puerta de Carmona , como estratégica entrada a la ciudad, por lo que todo su entorno albergó una vecindad bastante variopinta de trabajadores de la construcción y otros oficios artesanales, así como del sector servicios y el comercio minorista.
Aquella mezcolanza provocó que se viviesen, a menudo, tensiones de conflictividad laboral en todo el vecindario.
Pero, a diferencia de otras zonas obreras con mayoría anarquista o socialista, la Iglesia trató de mantener en este céntrico enclave mayor presencia activa mediante círculos de obreros católicos que ofrecían mejorar las condiciones laborales, ofreciendo una alternativa interclasista a la lucha de clases, frente a los sindicatos laicos del movimiento obrero sevillano de la época.El Cristo de la Salud y Buen Viaje en la plaza de Pilatos EN 1929.
ABCUn escenario de continua labor pastoral y social fue la calle Vidrio, que es la arteria que une la plaza de San Bartolomé con la calle San Esteban, conectándola con las calles Cristo del Buen Viaje, Armenta, Garci Pérez y la plaza de las Mercedarias, en la que desarrolló una encomiable atención espiritual San Manuel González, popularmente conocido como el «santo de la calle Vidrio».
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