Fernando Carrasco Cotán, el caballista más veterano y longevo de la romería de Valme
A sus 79 años , Fernando Carrasco Cotán es el caballista de la romería de Valme más veterano y el que más tiempo seguido lleva participando del tercer domingo de octubre de esta forma.
El amor y la pasión de Fernando por los caballos comenzó de niño y vino para quedarse.
Su historia está ligada al mundo de los manchones, del campo y de los animales.
Lleva más con más de siete décadas vinculado al mundo ecuestre y su figura representa la memoria viva a caballo de la romería de Valme, parte esencial de la estampa que cada tercer domingo de octubre acompaña a la Virgen hasta el cortijo de Cuarto.En su trayectoria hay mucho más que años de experiencia.
Hay conocimiento, dedicación, recuerdos y una pasión que ha resistido el paso del tiempo.
Su afición ha marcado su vida y la convirtió en una afición a la par que en una forma de conservar y transmitir una tradición profundamente arraigada en Dos Hermanas.Recuerda cuando salía de su casa, de la calle El Pinar, del almacén de Fernando Rivas y, con el paso del tiempo, y dado su pasión por los caballos consiguió llevar el campo en Los Molinos de Maestre y hacerse cargo de los caballos.
También estuvo en Mendieta , ambas haciendas muy conocidas en la localidad.Era un niño cuando empezó a ir a la romería a caballo.
Y hoy día, sigue siendo uno de los momentos más esperados del año.
Cuida su montura, revisa los arreos y procurar que todo esté en condiciones para hacer el recorrido.
La elegancia del conjunto que forman jinete y caballo es el resultado de un trabajo que comienza mucho antes de que empiece la Misa de romeros el tercer domingo de octubre.«Antiguamente de mi casa salíamos un grupo importante de caballistas, te hablo de 40 ó 50, todos derechos a la puerta de la parroquia y era algo muy bonito», explica. «La mañana de Valme no la cambio por nada , no hay nada más bonito, ni ferias, ni Rocíos, estar en Los Jardines, y empezar a andar, con el repique de campanas, viendo la carreta de la Virgen iluminada, eso es algo maravilloso y único», asegura emocionado.Sin embargo, se lamenta de cómo ha mermado el número de caballistas por los impedimentos actuales para participar de esta forma en la romería. «Ahora vamos mi gente, mis hijos y poco más y es una pena, de verdad, yo que he vivido otras épocas», dice apenado. «Yo sé que las cosas han cambiado pero hay que respetar y la evolución no está reñida con la tradición.
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