Torquemadas a ritmo de batucada
Por favor, no lo hagan.
Ni por un segundo.
No los marquen con la M encarnada del moderado.
No los maltraten adjudicándoles esa palabra hoy tan degradada: equidistantes.
Piensen antes si acaso hubo un tiempo en que fuimos muchos los que estuvimos ahí.
Los neutros, los grises, los cobardes, dijimos.
Yo, porque anhelé ser capaz de escuchar a aquellos de los que me separa un universo de principios, valores y respetos.
O quizá porque los del otro lado hoy somos ya los del otro extremo. ¿Quién nos empujó allí, en este maquiavélico requiebro? Pues esos.
Los que enarbolan la bandera de la libertad para arrojarla como un venablo contra todo aquel que disienta de su monserga: aquí estamos los buenos.
Buenos, ¿en qué? ¿Para qué? ¿Para arrollar con el bulldozer de su intolerancia cualquier voz que no discrepe siquiera, sino que simplemente alerte de que quizá nos estamos equivocando? ¿Para cancelar a una escritora judeoargentina porque su visión del horror de Gaza no es 'mainstream' o convertir un festival (presuntamente) de ideas en un aquelarre de señalamientos? Hubo un tiempo en que eso, las ideas, tenían un lugar para encontrarse, debatirse, confrontarse y hasta convencerse.
Los griegos lo llamaron ágora.
Allí se discutía, se discrepaba, se levantaba la voz y, supongo, también se decían barbaridades.
Pero el adversario seguía siendo alguien con quien discutir.
Hoy hemos convertido aquella plaza pública en una trinchera.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.