PSOE, entre Ferraz y realidad
Iba a relatarles las debilidades con las que el PSOE de Castilla y León afronta la defensa del sanchismo, cada día más alejado de las posiciones moderadas de la socialdemocracia, cuando las propias filas socialistas ofrecen argumentos de sobra.
La confección de las listas al Congreso y al Senado, con primarias ausentes y decisiones impuestas desde arriba, evidencia que la democracia interna no atraviesa, precisamente, su mejor momento.Palencia constituye el ejemplo más visible de esa fractura entre militancia y dirección federal.
Pero León ofrece otro escenario preocupante: el peligroso tira y afloja entre Alfonso Cendón, secretario provincial, y José Antonio Díez, secretario local y alcalde de la capital.
Dos liderazgos, dos sensibilidades y una disputa que amenaza con trasladar sus costes a las urnas.El caso de Eduardo Morán merece capítulo aparte.
El histórico alcalde de Camponaraya, expresidente de la Diputación y veterano de mil batallas, no parece contar ahora con el beneplácito del aparato para el Senado, pese al respaldo reclamado desde la militancia berciana.
Morán acumula méritos y medallas para escribir su propia hoja de servicios.
Que semejante trayectoria pese menos que los equilibrios internos revela hasta qué punto las decisiones orgánicas pueden anteponerse al reconocimiento territorial.Sin embargo, mientras las familias socialistas se enzarzan en sus particulares guerras, Castilla y León tiene asuntos bastante más importantes sobre la mesa.
Los presupuestos autonómicos, actualmente en debate, son la herramienta esencial para convertir las promesas en políticas públicas, financiar servicios y responder a las necesidades reales de los ciudadanos.De eso, por desgracia, se habla mucho menos.
Las generales lo inundan todo, como si cada decisión regional debiera medirse exclusivamente por su utilidad para Ferraz.El PSOE castellano y leonés tiene un dilema: dedicar sus energías a administrar las discrepancias del sanchismo o demostrar que conserva autonomía, proyecto y vocación de gobierno.
Porque las primarias pueden perderse, las listas pueden imponerse y los cargos pueden disputarse.
Pero la confianza ciudadana, una vez extraviada, resulta bastante más difícil de recuperar.
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