Andalucía a la madrileña
Puede tener un resultado efectista, seguro, pero Andalucía no necesita importar de Madrid todos sus vicios políticos.
Durante años, el Parlamento andaluz ha hecho gala de una virtud que hoy empieza a echarse de menos, aquí se podía discutir, incluso con dureza, sin que cada pleno terminara convertido en una batalla campal.
Juanma Moreno y Juan Espadas llegaron a representar, con sus diferencias, una manera bastante serena de entender la política.
Pero aquello parece hoy más lejano.
La bronca ha ido ocupando espacio.
Los insultos, las descalificaciones y las frases pensadas para circular por las redes pesan cada más que los problemas que tienen los andaluces.
Y los andaluces tienen demasiados problemas como para entretenerse en una guerra permanente de bloquesLa vivienda no espera.
Tampoco las listas de espera en los hospitales, la educación, el campo, el agua o el empleo.
Son asuntos que no se solucionan con una intervención más o menos impactante ante las cámaras.
Pero la política empieza a premiar precisamente eso: el golpe de efecto, la frase que incendia al adversario y el vídeo que consigue miles de reproducciones.
Lo peor es que Vox se siente cómodo en ese terreno.
La confrontación forma parte de su manera de hacer política y sería extraño que renunciara a ella.
El PSOE también puede encontrar utilidad en una derecha cada vez más tensionada por Vox.
Para los socialistas, presentar al PP como prisionero de la derecha más dura ofrece un argumento sencillo con el que movilizar a los suyos.El PP, sin embargo, juega en otra liga, y debería empezar a creérselo.
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