La desesperación de los vecinos del Puerto de Sevilla: 25 años aguantando botellones en la puerta de sus casas
Hay calles de Sevilla que han visto crecer a varias generaciones de sevillanos; no por sus bares o discotecas, sino por ser lugar consolidado de botellón.
Esa es la situación de la calle Tarfia , en la paralela de la avenida de las Razas, donde llevan 25 años sufriendo el ruido y los desperfectos derivados de que cientos de jóvenes consuman alcohol en la puerta de sus casas hasta bien entrada la madrugada.
El barrio del Puerto de Sevilla, en el distrito Sur, lidia con el botellón varios días a la semana sin importar la estación.
En verano se vuelve aún más complicado de llevar, pues las vacaciones dan vía libre a los estudiantes para estar hasta altas horas de la noche sin necesidad de que sea fin de semana.
En esta época del año retrasan la hora de llegada, mientras que en los meses de frío, empiezan con la fiesta alrededor de las ocho de la tarde.
Sumado a la velocidad a la que se ingiere el alcohol, « a las once de la noche te encuentras a niños por aquí completamente borrachos », explican en el vecindario.
Cuando sale el sol, tampoco es raro ver a personas sinhogar deambulando por la zona para hacerse con los restos que los jóvenes han dejado la noche anterior.
El pasado miércoles ABC pudo comprobar de primera mano el 'macrobotellón' que se concentraba a las puertas del seminario pasadas las once y media de la noche.
El público era muy joven, en su gran mayoría menor de edad.
Llegan a pie, desfilando con bolsas de plástico desde la Avenida de las Razas o la calle Cardenal Bueno Monreal, procedentes de barrios cercanos como El Porvenir, Heliópolis o Bami.
Cualquiera que circule al caer la noche por la vía de servicio de Cardenal Bueno Monreal, para luego girar hacia la avenida de La Palmera o seguir hasta el cruce con Manuel Siurot, puede ver como van entrando por la calle Arzobispo Juan José Asenjo que a la media noche queda completamente abarrotada.
Su localización, una zona muy tranquila por la que apenas pasan peatones, favorece a que no se ponga freno a estas multitudinarias quedadas.
Además de viviendas, en la calle Tarfia no hay comercios y en el lado contrario a los bloques de pisos están la trasera de naves industriales que tienen su sede en la avenida de las Razas. «En invierno puedo cerrar las ventanas, pero ahora, con el calor, es horroroso», reconoce una señora a la mañana siguiente de la citada jornada, que le dejó sin dormir hasta la una de la mañana. «¿Has visto las botellas?», pregunta este periódico la propia vecina.
Botellas de refresco, bolsas y vasos de plástico, son un elemento más del paisaje de la zona.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.