Por qué nos obsesionan los áticos: así se creó un símbolo de estatus
“Hace meses me mudé a este ático con Iván.
El mundo se hundía a mi alrededor y yo quería salvarme y salvarlo”.
La voz en off de Pepa Marcos (Carmen Maura) que abre Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988) alude a ciertas connotaciones asociadas a los áticos: las que la convierten en un refugio ideal que se eleva sobre un mundo exterior adverso, y por tanto en espacio de intimidad y salvación.
La película servía una osada mezcla de géneros que incluía la comedia de vodevil, el slapstick con derivaciones castizas o el melodrama amoroso, nada de lo cual le queda demasiado lejos al muy mediático affaire del ático de lujo adquirido en el barrio de Chamberí por la Comunidad de Madrid y después puesto a la venta entre sospechas e interrogantes sin respuesta.
“No se preocupe, que le vamos a sacar un buen dinero”, le anunciaba a Pepa el agente inmobiliario interpretado por Agustín Almodóvar en la misma película, al saber que ella había decidido poner en alquiler aquel tesoro inmobiliario al poco de adquirirlo.
Pese a estas coincidencias, lo cierto es que ni siquiera un guion almodovariano podría concentrar tantos giros argumentales como los que la realidad nos ha deparado, y aún es pronto para afirmar que no habrá más.
Se deduce de esto que los responsables del caso del ático no son exactamente unos maestros del orden narrativo, aunque sí más que probables devotos del aura aspiracional que hoy en día despliegan este tipo de propiedades.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.