Así dejó Nicole Kidman de ver su pelo rojo y sus pecas como un problema: "Solía ir a clubes trans. Allí es donde aprendí a peinarme y maquillarme"
Las pecas y el pelo rojo forman parte de la imagen de Nicole Kidman tanto como su piel clara o aquella melena rizada con la que comenzó su carrera. Mucho antes de convertirse en una de las actrices más reconocibles de Hollywood, esos mismos rasgos ocupaban otro lugar en su relación con el espejo. Kidman ha recordado ahora que fue en los clubes trans donde aprendió a peinarse, maquillarse y descubrir las posibilidades de una apariencia que durante su juventud la hacía sentirse diferente .
"Solía ir a clubes trans. Allí es donde aprendí a peinarme y maquillarme", cuenta la actriz en una entrevista con British Vogue . Kidman recuerda que se sentaba allí como "una niña pelirroja, con la cara llena de pecas" y dejaba que trabajaran con su imagen. Le ponían pestañas, alisaban su cabello, añadían postizos y jugaban con el maquillaje. "Salía de allí y me sentía guapa. Sentía que me había transformado" , explica.
Su recuerdo abre una cuestión muy interesante: ¿en qué momento una característica física pasa a convertirse en algo que sentimos que debemos corregir?
Una niña puede mirar sus pecas como una característica más de su cara hasta que los comentarios, los referentes o los cánones que la rodean les conceden otro significado. Lo mismo sucede con el pelo rizado , una nariz grande, unas cejas pobladas o cualquier característica que se aleje del ideal de belleza de cada época.
"Muchas veces no empezamos rechazando un rasgo físico porque haya algo objetivamente malo en él, sino porque aprendemos a mirarlo a través de los ojos de los demás", explica Ana Galán. Durante la infancia y la adolescencia, señala, construimos nuestra autoimagen a partir de comparaciones, comentarios, modelos de belleza y de las reacciones que recibimos del entorno. Si aquello que nos diferencia recibe bromas, correcciones o queda fuera de lo que entendemos como bonito, podemos acabar interpretándolo como un defecto. "Muchas veces no queremos cambiar nuestro aspecto; queremos dejar de sentir que hay algo malo en él", apunta.
Galán introduce además la necesidad de pertenencia que aparece cuando somos jóvenes. "Parecernos al grupo proporciona cierta sensación de seguridad, mientras que destacar puede hacernos sentir más expuestos". Por eso, explica, unas pecas, un determinado tipo de pelo o una nariz concreta pueden adquirir una gran carga emocional. "El problema no está en el rasgo, sino en el significado que hemos aprendido a darle".
Las pecas son un ejemplo de hasta qué punto el canon condiciona lo que interpretamos como bello. Durante años se cubrieron con bases de alta cobertura y correctores. Es curioso como ahora han llegado las pieles transparentes y se venden hasta lápices para dibujarlas o tratamientos destinados a recrearlas.
Los clubes trans le ofrecieron a Nicole un espacio donde el cabello, las pestañas, el maquillaje y la ropa podían funcionar como herramientas de transformación y expresión . Desde la psicología , entrar en un entorno donde un rasgo que hemos aprendido a esconder recibe una valoración distinta puede abrir una nueva forma de relacionarnos con él.
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