¿De verdad podemos saber nuestra edad biológica? La ciencia pone a prueba los relojes del envejecimiento
Cumplir 50 años no significa necesariamente tener un organismo de 50 años.
Dos personas nacidas el mismo día pueden presentar diferencias importantes en su estado cardiovascular, metabólico o inmunitario y, desde hace años, la ciencia intenta convertir esas diferencias en algo medible: la llamada edad biológica .
Una de las herramientas que más expectación ha generado son los relojes epigenéticos, algoritmos capaces de analizar determinadas modificaciones químicas del ADN y producir una estimación relacionada con el envejecimiento.
La posibilidad resulta fascinante: ¿podríamos saber no solo cuántos años hemos vivido, sino a qué velocidad está envejeciendo nuestro organismo? Un nuevo estudio publicado en Nature Medicine somete estos relojes a una de sus pruebas más importantes hasta la fecha.
Los relojes epigenéticos se basan principalmente en la metilación del ADN , pequeñas modificaciones químicas que aparecen en determinados lugares del genoma y cuyos patrones cambian con la edad.
El investigador Steve Horvath desarrolló en 2013 uno de los relojes epigenéticos más influyentes, capaz de estimar la edad a partir de múltiples tejidos humanos.
Desde entonces han surgido nuevas generaciones de relojes: algunos intentan aproximarse a la edad cronológica ; otros, como GrimAge o DunedinPACE, buscan captar aspectos relacionados con mortalidad, enfermedad o velocidad de envejecimiento.
Es una diferencia fundamental: todos reciben coloquialmente el nombre de “relojes”, pero no están midiendo exactamente lo mismo .
El nuevo trabajo, liderado por Raghav Sehgal y Albert Higgins-Chen, de la Universidad de Yale, ha creado TranslAGE , una base armonizada que reúne 51 estudios longitudinales de intervenciones en humanos y un total de 3.128 muestras.
Los científicos volvieron a analizar esos datos utilizando de manera consistente 16 relojes epigenéticos diferentes y otros 94 biomarcadores de metilación del ADN .
El objetivo era comprobar algo esencial: si estos instrumentos pretenden utilizarse algún día para determinar si una intervención retrasa el envejecimiento, primero hay que saber si realmente responden cuando el organismo es sometido a una intervención.
Como explican los autores, estos biomarcadores podrían permitir monitorizar los efectos de una intervención "sin necesidad de ensayos que duren décadas".
Diferentes relojes, diferentes reacciones Y los resultados contienen una advertencia importante para la creciente industria de los test de edad biológica: los relojes no reaccionan todos de la misma manera .
Los desarrollados para predecir mortalidad o velocidad de envejecimiento fueron los que mostraron las respuestas más fuertes y consistentes ante las intervenciones estudiadas.
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