Los veranos que cambiaron España: pactos de Estado, recortes y hasta la primera amnistía tras la dictadura
En España, el verano casi nunca ha supuesto una tregua para la política. Algunas decisiones se tomaron aprovechando que el país parecía mirar hacia otro lado y, en otras ocasiones, llegaron rupturas inesperadas y crisis que a punto estuvieron de desbordar las instituciones . La entrada de cerca de 70.000 inmigrantes en Ceuta, con graves consecuencias políticas y sociales, se ha sumado este año a una larga serie de episodios que cambiaron España en vacaciones.
Apenas ocho meses después de la muerte del dictador Francisco Franco, el Gobierno de Adolfo Suárez (Unión de Centro Democrático, UCD) aprobó el 30 de julio el real decreto-ley de amnistía que permitió liberar o cancelar responsabilidades por numerosos delitos de intencionalidad política ( rebelión, sedición, deserción …) y abrió el camino hacia la reconciliación que supuso la Transición. No fue la amnistía general de octubre de 1977, pero sí el primer gran gesto político de Suárez al que Juan Carlos I había puesto de presidente solo unos días antes, el 3 de julio. El 1 había dimitido Carlos Arias Navarro, en el que el Rey ya no confiaba.
El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo (Unión de Centro Democrático, UCD), y el líder de la oposición, Felipe González (PSOE), firmaron el 31 de julio los llamados Acuerdos Autonómicos. Es el primer gran pacto de Estado sellado en democracia y en verano. Acababa de ocurrir el golpe de Estado del 23 de febrero y Ejecutivo y oposición intentaron ordenar y generalizar el Estado de las autonomías.
Incluían criterios sobre el mapa autonómico, los estatutos, las competencias, las transferencias, la financiación territorial y el proyecto que desembocaría, un año más tarde, en la ley orgánica de armonización del proceso autonómico (LOAPA).
Las Cortes modificaron el artículo 13.2 de la Carta Magna para permitir que los ciudadanos comunitarios pudieran no solo votar, sino también ser candidatos en las elecciones municipales. La reforma, necesaria para ratificar el Tratado de Maastricht, fue sancionada el 27 de agosto. Era la primera vez que se abría la Constitución tras ser aprobada en 1978 y se hizo con rapidez, consenso y en pleno verano. Fue la primera vez que se hizo con ‘agosticidad’ un cambio de la ley de leyes, pero no sería la última.
ETA secuestró el 10 de julio a Miguel Ángel Blanco, c oncejal del PP en Ermua (Vizcaya), y dio al Gobierno 48 horas para acercar a sus presos a cárceles del País Vasco. El ultimátum paralizó el país. Millones de personas salieron a la calle, con las manos pintadas de blanco , para exigir su liberación.
El Gobierno no cedió. El 12 de julio, agotado el plazo, los terroristas le dispararon dos veces en la cabeza y lo abandonaron gravemente herido. Murió al día siguiente. Su asesinato provocó una reacción social sin precedentes contra ETA y dio origen al llamado ‘espíritu de Ermua’. Aquel verano, el miedo empezó a cambiar de bando: por primera vez, una parte de la sociedad vasca se enfrentó públicamente y en masa al terror.
La mañana del 11 de julio, gendarmes marroquís desembarcaron en Perejil, un islote situado a apenas 250 metros de la costa marroquí y a unos ocho kilómetros de Ceuta.
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