Marruecos agita el "efecto llamada" contra España mientras abre sus fronteras a ciudadanos africanos
Varios migrantes en la playa del Trampolín, a 3 de agosto de 2026, en Ceuta (España). EP.
Marruecos ha decidido elevar el tono contra la política migratoria española utilizando uno de los conceptos más repetidos en el debate político sobre inmigración: el supuesto “efecto llamada” . El reproche llega, sin embargo, acompañado de una paradoja difícil de ignorar. Mientras representantes del Gobierno marroquí cuestionan que España facilite la regularización de personas extranjeras que ya residen en su territorio, Rabat lleva años desplegando una política de apertura hacia África que incluye exenciones de visado y procesos propios de regularización de migrantes.
El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi , ha cargado contra la regularización extraordinaria impulsada en España y ha defendido que medidas de este tipo pueden estimular nuevas llegadas. Sus declaraciones se producen además en un momento especialmente delicado en las relaciones entre los dos países, después de las últimas tensiones migratorias registradas en Ceuta y mientras Marruecos se aproxima a sus elecciones legislativas.
El argumento marroquí contrasta con la estrategia seguida por el propio reino alauí durante la última década. Desde 2014, Marruecos ha dejado progresivamente de ser únicamente un territorio de tránsito hacia Europa para convertirse también en destino de población procedente del África subsahariana. En ese proceso, las autoridades marroquíes han regularizado a más de 50.000 migrantes, muchos de los cuales se han incorporado a sectores como la agricultura, el turismo o la pesca.
A ello se suma una política de movilidad africana vinculada a la estrategia diplomática de Rabat. Marruecos ha eliminado la obligación de visado para ciudadanos de distintos países del continente, entre ellos Estados como Malí, Burkina Faso o Costa de Marfil , pese a que algunos de ellos figuran precisamente entre los territorios atravesados por importantes movimientos migratorios.
La aparente contradicción tiene también una explicación geopolítica . Marruecos lleva años intentando reforzar su influencia política y económica en África . Su regreso a la Unión Africana en 2017 fue uno de los pasos más visibles de una estrategia que combina inversiones empresariales, acuerdos diplomáticos, cooperación y una política de movilidad más flexible con numerosos países del continente.
Rabat pretende presentarse como una potencia africana de referencia y convertirse en un enlace económico entre Europa, el Atlántico y el Sahel . Proyectos como la denominada Iniciativa Atlántica, impulsada por Mohamed VI para facilitar a países sin litoral del Sahel una salida hacia el océano, forman parte de esa estrategia.
El discurso hacia España, sin embargo, se ha endurecido. Ouahbi ha sostenido que existe una incoherencia entre los esfuerzos de Marruecos para contener las salidas migratorias hacia Europa y las posteriores políticas españolas de regularización.
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