La subida de la inflación reaviva los temores a una nueva crisis de precios y eleva la presión sobre los bolsillos de la familia
El IPC se dispara en agosto al 4,3%, su nivel más alto desde febrero de 2023, por la subida de los carburantes con la retirada del escudo anticrisis
La tregua de precios ha durado menos de lo esperado. El repunte de la inflación en agosto al 4,3%, impulsado por el encarecimiento de los carburantes , ha encendido las alarmas macroeconómicas en España. Tras meses de contención alrededor del 3%, ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE) dio a conocer un repunte de siete décimas respecto al dato de julio (3,6%) y confirmó que el fantasma de la inestabilidad energética sigue vivo. Esta subida reaviva los temores a una nueva crisis de precios y eleva la presión sobre los bolsillos de las familias, que ven cómo el alivio en el supermercado se evapora al pasar por la gasolinera.
No en vano, la inflación subyacente , es decir, la que no tiene en cuenta los productos energéticos ni los alimentos no elaborados, disminuyó una décima, hasta el 2,9% . Este es uno de los factores que indica que el shock energético sigue y, aunque no estamos todavía en ese escenario, advierte del riesgo de un nuevo episodio inflacionista. "La energía tiene una enorme capacidad de transmisión al resto de la economía", explica Francisco Rodríguez , Catedrático de Economía de la UGR y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas. Es decir, el efecto del encarecimiento de los carburantes no se limita al momento en el que el consumidor llena el depósito, sino que tiene efectos también en la cadena y eleva los costes de transporte, distribución y producción de las empresas. "Si el shock energético es suficientemente intenso y, sobre todo, suficientemente duradero, puede acabar trasladándose a los precios de otros bienes y servicios. Ahí estaría la verdadera señal de alarma ", apunta.
En el episodio inflacionista que España vivió en 2021 coincidieron varios factores, como "las perturbaciones energéticas, cuellos de botella globales y una propagación muy intensa hacia prácticamente toda la cesta de consumo", detalla Rodríguez; ahora, aunque la evolución de la inflación subyacente ofrece cierta tranquilidad , "también hemos aprendido de aquella experiencia que los shocks energéticos que inicialmente parecen transitorios pueden terminar siendo mucho más persistentes de lo previsto".
Por esto, los temores están ahí. El estudio Perspectivas de inflación de la economía española publicado por Funcas advierte de que la inflación subyacente se había tensionado a medida que el shock ha ido trasladándose a los precios finales y es un fenómeno que podría perdurar en los próximos meses al conflicto, incluso contrarrestando el efecto favorable de la desinflación energética. Eso sí, "es probable que el traslado del shock a los precios de venta sea proporcionalmente menor que en el momento de la guerra de Ucrania hace cuatro años, cuando la economía gozaba de un fuerte impulso de la demanda", apunta el documento.
Una de las derivadas del dato publicado ayer por el INE se notará en los surtidores.
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