Guardián del honor de Rabat
La comparecencia de Félix Bolaños en el Congreso debía servir para esclarecer la actuación del Gobierno ante la gravísima crisis de Ceuta.
Sirvió, sobre todo, para comprobar hasta dónde llega la cautela del Ejecutivo cuando se trata de Marruecos.
El ministro negó que existan evidencias de que Rabat impulsara la entrada masiva y llegó a reprochar a la oposición que «faltara al respeto» al país vecino.
Por momentos, su intervención pareció más propia de un ministro de Mohamed VI que de Sánchez.
Bolaños atribuyó la avalancha a la tergiversación en redes sociales de la sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en frontera.
Pero dejó sin contestar precisamente lo esencial: por qué el Ministerio de Justicia que dirige no reaccionó ante esa interpretación, quién difundió esos mensajes y qué comunicaciones mantuvo el Gobierno con las autoridades marroquíes.
Tampoco despejó la contradicción entre Robles e Interior sobre los avisos del CNI .
Una comparecencia parlamentaria exige explicaciones, no ministros haciendo actos de fe en Rabat.
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