Los psicólogos coinciden: las personas con ansiedad que tienen un gato establecen un apego más inseguro con él
Un estudio británico revela que las personas con ansiedad que tienen gatos tienden a establecer un apego más inseguro con ellos que quienes tienen perros.
El apego ansioso con mascotas se asocia a peor salud mental en dueños de perros, pero no se observó el mismo efecto en quienes tienen gatos.
El apego evitativo se vinculó a una mejor salud mental tanto en propietarios de perros como de gatos.
La percepción de la calidad de vida y los problemas de comportamiento del animal también están relacionados con el tipo de apego y la salud mental del dueño.
La relación entre una persona y su mascota no siempre funciona como refugio emocional. Un estudio realizado en Reino Unido ha encontrado diferencias relevantes según el animal y el tipo de apego establecido.
La investigación, publicada en PLoS One , analiza cómo determinados vínculos con perros y gatos se relacionan con la salud mental de sus propietarios. Los resultados cuestionan una visión demasiado sencilla.
El trabajo fue dirigido por la psicóloga Charlotte Robinson, de la School of Psychology de Cardiff University, y contó con 600 adultos jóvenes británicos de entre 18 y 26 años.
Todos los participantes tenían perros, gatos o ambos animales y se identificaban como personas con dificultades relacionadas con la ansiedad y el bajo estado de ánimo. Algunos contaban además con diagnósticos clínicos.
Los investigadores observaron que los propietarios de perros presentaban apegos más seguros hacia sus mascotas que quienes convivían con gatos. En cambio, otras formas de apego mostraban asociaciones diferentes entre especies.
En concreto, el apego ansioso se relacionó con una peor salud mental entre los propietarios de perros. En los dueños de gatos, el estudio no encontró esa misma asociación con la salud mental.
El apego evitativo, por su parte, se asoció con una mejor salud mental tanto entre propietarios de perros como de gatos. El patrón, por tanto, no fue idéntico entre ambas especies.
Además, los investigadores encontraron que el apego inseguro estaba relacionado con una peor percepción de la calidad de vida del animal , más problemas de comportamiento y menor compatibilidad entre mascota y propietario.
Estas asociaciones aparecieron independientemente de que la mascota fuera un perro o un gato . Es decir, la manera en que se construye el vínculo también parece influir en cómo se percibe la convivencia.
Entre los propietarios de perros, una peor percepción del bienestar del animal y una mayor presencia de problemas de comportamiento se relacionaron además con una peor salud mental del propietario.
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