La radicalización del Partido Demócata
Una autodeclarada «socialista» acaba de ganar la nominación del Partido Demócrata al Senado por Florida: el estado de Trump, aquel donde los republicanos llevan décadas venciendo elecciones cargando contra el comunismo.
Y lo ha hecho oponiéndose al aparato del partido, que presentó a un militar condecorado y que gastó dieciséis veces más dinero que ella.
No es un caso aislado: en Denver, un «socialista» de 29 años ha desbancado a una congresista instalada en su escaño desde 1997; en Michigan, el candidato de Bernie Sanders ha derrotado a la favorita de la cúpula; y Nueva York, la mayor ciudad del país, ya está gobernada por el «socialista» Zohran Mamdani .Detrás de esta oleada se halla 'Democratic Socialists of America', una organización fundada en 1982 y hasta hace nada absolutamente marginal.
Su estrategia política no pasa por constituirse en tercer partido (fórmula condenada al fracaso en EE.UU.), sino por infiltrarse en las primarias demócratas para instrumentalizar la marca del partido en la contienda electoral: y en este ciclo ya han respaldado a más de 150 candidatos y ganado 35 primarias.
Es cierto que también han perdido otras tantas y que sus victorias se concentran en feudos abrumadoramente demócratas, pero el paralelismo con la captura del Partido Republicano por el trumpismo resulta inevitable.¿Y qué proponen estos «socialistas» que están tomando el control del Partido Demócrata? Pues muchísimo más gasto: a saber, estatalización completa de la sanidad ('Medicare for All'), expansión del parque público de vivienda, y creación de supermercados, guarderías y transporte públicos y gratuitos.
Se trata de una magnitud de desembolsos absolutamente gigantesca e inasumible para un Estado que ya carga con el mayor volumen de deuda desde la II Guerra Mundial.
De hecho, la propuesta de estos socialistas desde el lado de los ingresos es tan previsible como tramposa: subir masivamente los impuestos a los ricos para hacer frente a todos estos gastos.
No hace falta prometer mucho más a sus feligreses: «Os daremos lo daremos todo a cambio de nada».
Pero la aritmética no sólo no cuadra (algunos de esos socialistas, como Abdul El-Sayed, ya admiten que gravar más a los ricos ni siquiera bastaría para costear la sanidad pública universal, no digamos ya todo lo demás), sino que conlleva otro problema: estados como Nueva York o California ya llevan años ensayando esa receta y han padecido una progresiva fuga de grandes contribuyentes hacia Texas o Florida.En suma, el Partido Demócrata, descabezado y sin discurso propio, está siendo colonizado por una minoría organizada que sí ofrece a los votantes una alternativa narrativa, aunque en el fondo sea un desastre.
Y lo que suceda en EE.UU.
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