Petróleo de Estado
Donald Trump lo llamó «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial» .
Su hipérbole tiene una virtud: obliga a mirar la letra pequeña.
Y la letra pequeña cuenta una historia bastante menos espectacular.
El Pentágono tomará un 35% de North American Blue Energy Partners (NABEP), una compañía privada que recibe derechos sobre 17 campos venezolanos con unos 65.000 millones de barriles.
Washington tendrá además preferencia para comprar el 20% de la producción a coste.
Sobre el papel, petróleo para un siglo.
En la economía real, apenas petróleo para mañana.Según 'The Wall Street Journal' que cita a la OPEP, Venezuela produjo en junio 1,07 millones de barriles diarios, lejos de los 3,4 millones de 1998.
Chevron, el mayor inversor extranjero, está cerca de los 300.000 barriles y proyecta invertir 7.000 millones de dólares en cinco años.
Pero las grandes petroleras siguen reclamando lo que Caracas no ofrece: seguridad jurídica, estabilidad política e infraestructuras fiables.
Exxon llegó a definir el país como «ininvertible».
La geología tampoco obedece a Truth Social.
Recuperar instalaciones deterioradas exige decenas de miles de millones; desarrollar nuevos campos, mucho más y durante años.
El crudo venezolano, pesado y sulfuroso, necesita refinerías especializadas.
Y la promesa de rellenar la Reserva Estratégica tropieza con otra ironía: sus cavernas están preparadas principalmente para crudos ligeros y medios.
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