Felipe VI, el espejo perfecto para la Casa Real de Noruega: las 6 lecciones del Rey de las que Haakon debe tomar buena nota
El relevo dinástico en el norte de Europa marca el inicio de una nueva era para la Casa de Glücksburg . Tras la muerte de Harald V, el ascenso al trono de Haak on de Noruega (53 años) sitúa al nuevo monarca nórdico ante un espejo institucional muy concreto: el de la Zarzuela .
Separados por el mapa europeo, pero unidos por los rigores de su tiempo, Haakon VIII y el rey Felipe VI (58) encarnan la misma respuesta generacional a los desafíos de la monarquía parlamentaria del siglo XXI.
Ambos reyes comparten una hoja de ruta marcada por seis lecciones de supervivencia institucional que el Jefe de Estado español ya ha tenido que poner a prueba en nuestro país a lo largo de sus 12 años de reinado y de las que el recién estrenado soberano noruego deberá tomar buena nota.
El rey Felipe VI y Harald de Noruega, en un partido del Roland Garros, en 2022, en París. GTRES
Afrontar el ascenso al trono en medio de la tormenta es, quizás, la coincidencia más amarga entre ambos monarcas.
Cabe recordar que Felipe VI asumió la Corona hace ya 12 años tras la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos I (88), en un escenario socavado por los escándalos financieros y personales que rodeaban entonces al rey emérito.
Juan Carlos firmó la ley orgánica de su abdicación el 18 de junio de 2014 , que se hizo efectiva un día después, el 19 de junio, momento en el que su hijo se convirtió formalmente en rey de España.
Su paso a un lado se produjo en el momento más crítico de su mandato, forzado por un desgaste reputacional e institucional en el seno de la Casa Real.
El estallido del caso Nóos (en noviembre de 2011) , que llevó al banquillo de los acusados a Iñaki Urdangarin (58) y a la infanta Cristina (61), unido a la polémica cacería de elefantes en Botsuana junto a Corinna Larsen (62) en plena crisis económica, hundió la valoración pública de la Corona y puso en entredicho el consenso político heredado de la Transición.
A este complejo escenario mediático y social se le sumó también el deterioro físico del monarca, lastrado por continuas operaciones y problemas de movilidad .
Ante el riesgo de un desplome de la monarquía, la renuncia al trono se articuló como una operación de Estado urgente para frenar el descontento popular y ceder el testigo al único hijo varón de Juan Carlos y la reina Sofía (87).
Felipe VI asumió la Jefatura del Estado con la misión prioritaria de regenerar la imagen de la institución mediante un modelo de estricta transparencia y ejemplaridad . Algo que ha cumplido a rajatabla desde su primer día como Rey hasta hoy.
Por su parte, Haakon VIII ciñe la corona en un clima de desafección pública sin precedentes en Oslo , provocado por la condena penal de Marius Borg Høiby (29) y la sobreexposición mediática de su periferia familiar.
En ambos casos, el trono no se recibe como un cheque en blanco, sino como un ejercicio de reconstrucción absolutamente prioritario para recuperar la confianza ciudadana.
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