María Asunción Milá
Hay días en que el azar parece fantasear con mayor atrevimiento que la mejor literatura.
Mientras, en el minuto 107, España celebraba colectivamente el gol que le daba el título de campeona del mundo, en una casa de Sevilla una familia celebraba en la intimidad los 107 años de una gran señora.
Ciento siete minutos apenas colman una tarde; ciento siete años desbordan un siglo.
Entre ambas dimensiones se abre un abismo, pero una misma cifra evoca dos victorias muy distintas: la primera cupo en un marcador; la segunda abarca un espacio y un tiempo que solo algunas existencias excepcionales son capaces de atravesar.
La de María Asunción Milá Sagnier comenzó en Barcelona el 20 de julio de 1919, cuando una Europa mutilada trataba de digerir el trauma de la Gran Guerra, enfrentamiento cainita que liquidó el mundo cosmopolita de identidades múltiples y certidumbres que tan bellamente evocó Stefan Zweig en 'El mundo de Ayer' y engendró otro de identidades excluyentes e incertidumbres cuyas sombras se alargan hasta el mundo polarizado de hoy.Hay generaciones a las que la Historia sacude de manera ocasional y otras a las que zarandea inagotablemente en sus turbulencias.
La de María Asunción ha conocido guerras, dictaduras, cambios de régimen, revoluciones sociales y transformaciones que alcanzaron la intimidad de las familias.
Pese a haber visto sucederse varias Españas y desaparecer casi por completo el mundo en el que nació, no se refugió en la nostalgia.
Su larga vida ha sido, por el contrario, un aprendizaje sostenido por una curiosidad y por una voluntad imperecederas de conocer el mundo y mejorarlo.Cumplió quince años el día en que España se estrenó en un campeonato mundial de fútbol, el de Italia de 1934 y diecisiete cuando el fracaso del pronunciamiento militar contra la República abría paso a una larga guerra fratricida.
Terminada la Guerra Civil, se casó con Manuel Salinas Benjumea, un gran señor de Sevilla, con quien formó una familia de proporciones bíblicas: tuvieron doce hijos, los doce varones.Doce hijos varones alrededor de una madre.
Doce caracteres, doce destinos, doce maneras de ocupar la casa y de reclamar su atención.
Cuesta imaginar hoy aquel hogar poblado de voces masculinas, de juegos, disputas, complicidades y preocupaciones.
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