El refugio de Rosa López: un pueblo de 1.600 habitantes, rodeado de volcanes y castillo del siglo XVIII
Atrás quedaron los focos, el ruido de la capital y la presión de las grandes giras. Cuando Rosa López busca encontrarse a sí misma, tiene un destino claro que funciona como su bálsamo particular . Es la belleza árida y pura del Cabo de Gata, en Almería.
La ganadora de la primera edición de Operación Triunfo siempre ha llevado por bandera sus raíces andaluzas, pero es en este rincón de la geografía almeriense donde la cantante desconecta de verdad .
Un enclave declarado Reserva de la Biosfera que se ha convertido en su "lugar seguro" para disfrutar del verano lejos de los paparazzi .
Quienes conocen bien a la intérprete de Europe's Living a Celebration saben que su filosofía de vida ha dado un giro radical hacia la tranquilidad, el deporte y el bienestar espiritual.
Por eso, el paisaje del Cabo de Gata es su escenario ideal. Las mañanas de Rosa en este paraíso no consisten en desayunos tardíos tras noches de fiesta, sino en madrugar para exprimir la luz inconfundible del sur.
El Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar cuenta con una fascinante red de fortificaciones costeras .
La mayoría de ellas fueron mandadas construir en el siglo XVIII por el rey Carlos III para defender la costa de los continuos ataques de piratas berberiscos.
El más representativo y mejor conservado de la zona es el Castillo de San Felipe (Los Escullos).
Construido en 1765, albergaba cañones orientados hacia el mar y disponía de foso y puente levadizo.
Es habitual que la cantante cambie la ropa de diseño por zapatillas de montaña y mallas para practicar yoga al amanecer frente al mar o emprender largas y exigentes rutas de senderismo por acantilados escarpados, mimetizándose con un paisaje marciano de pitas y roca volcánica .
Playas de cine como Mónsul o la icónica bahía de los Genoveses son algunos de los enclaves donde la artista logra fundirse con el entorno, meditando sobre la arena fina y dorada.
A diferencia de otros destinos costeros de nuestro país, devorados por el asfalto y los rascacielos, este litoral conserva un aire indómito, salpicado por pequeños núcleos urbanos de fachadas encaladas.
Pueblos de tradición pesquera como San José , Agua Amarga o La Isleta del Moro le ofrecen a la cantante esa sencillez cotidiana que tanto valora.
Allí disfruta de paseos sin rumbo fijo, saborea la gastronomía local basada en el pescado fresco y comparte tiempo con unos vecinos que, acostumbrados a su presencia, la tratan con el respeto de una ciudadana más, olvidándose del ídolo televisivo.
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