José Sacristán, 88 años: "Me crié sin coche, sin radio y sin agua caliente ni retrete. Solo comía puré de harina de almorta"
José Sacristán es uno de los grandes nombres de la interpretación española . A sus 88 años, el actor puede echar la vista atrás y recordar una infancia marcada por las dificultades y las carencias de la España de los años 40.
Una época muy alejada de las comodidades actuales y en la que, como él mismo ha relatado, su familia tuvo que salir adelante con muy poco.
Sacristán ha explicado en una entrevista para La Vanguardia cómo fueron aquellos primeros años de su vida, en los que incluso llegó a ser un niño "gordito" a pesar de las dificultades económicas.
Su alimentación estaba muy lejos de la variedad que hoy puede encontrarse en cualquier lugar. " Me crié con puré de harina de almorta, era lo que había ", recordó el intérprete. La harina de almorta formaba parte de la alimentación de muchas familias humildes.
La falta de recursos también estaba presente en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana. " Yo no tuve coche, ni radio, ni agua caliente, ni retrete, había que ir al corral con un candil ", relató al recordar aquellos años.
Una realidad que el actor resume de manera contundente al descubrir cómo era la Castilla de su infancia. "La Castilla de los años 40 era el medievo ".
A pesar de las carencias, Sacristán reconoce que sus recuerdos de aquella etapa no son únicamente negativos. Su infancia estuvo marcada también por el cariño y la protección de algunos miembros de su familia.
"Pese a ello, mis recuerdos son ambivalentes. Mi madre no está en casa, está visitando a mi padre en la cárcel" .
En ese contexto familiar, hubo dos figuras especialmente importantes para él. " Tenía un entorno calentito. Mi tío ejercía de padre y la abuela Nati me atendía en todos los aspectos ".
La situación tampoco era sencilla cuando la familia se vio obligada a trasladarse a Madrid tras la salida de la cárcel de su padre y la imposibilidad de regresar a Chinchón. En la capital vivían en una vivienda compartida con tres familias más, una fórmula habitual entre las clases trabajadoras de la época.
" Vivíamos en Madrid en una casa con otras tres familias. Habitación con derecho a cocina se llamaba", explicó en el medio citado.
El espacio era reducido y la intimidad prácticamente inexistente. " Dormíamos en el mismo cuarto mis padres, mi abuela, mi hermana y yo ". Recuerdos de una infancia marcada por la pobreza, la falta de comodidades y una España que atravesaba una etapa especialmente dura.
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