La profecía del fin del mundo para el 13 de noviembre de 2026
En 1960, el físico austríaco Heinz von Foerster (1911-2002) y su equipo publicaron en la revista 'Science' un artículo que estudiaba cómo había crecido la población mundial.
Los investigadores advirtieron algo llamativo: durante una parte del siglo XX, la población aumentaba cada vez más y más deprisa, de una forma no ya exponencial, sino hiperbólica, de tal manera que, para el viernes 13 de noviembre de 2026, se haría infinita.
Esa fecha fue denominada en el estudio el «Día del Juicio Final».El pronóstico era, lógicamente, una singularidad matemática: si mantuviéramos exactamente la misma tendencia observada en los datos, la humanidad no tendría espacio en el planeta, aunque el problema aparecería mucho antes de llegar a ese extremo.
A punto de cumplirse la fecha del fin del mundo y por mucho que los atascos de las ciudades nos hagan sospechar lo contrario cada día, está claro que eso no va a suceder.
Al menos, no el próximo noviembre.
Este jueves, Jaiver Birchenall, profesor de Economía en la Universidad de California Santa Bárbara recuerda en la misma publicación científica el artículo de los años 60, que no dio en el clavo, pero sí ha servido para obtener una valiosa enseñanza estadística.
El modelo de von Foerster describía bastante bien la evolución de la población mundial durante buena parte del siglo XX porque capturaba una tendencia demográfica real: la población estaba creciendo a un ritmo extraordinariamente rápido.
La mortalidad empezó a caer con rapidez gracias a mejoras en alimentación, higiene, saneamiento, vacunas, antibióticos y atención médica, mientras que las familias seguían teniendo muchos hijos.
El problema es que los autores supusieron que una tendencia que había funcionado durante un determinado periodo histórico iba a continuar indefinidamente.
Sin embargo, a mediados de los años sesenta, la tasa de crecimiento de la población mundial comenzó a disminuir.
Es decir, la población siguió aumentando, pero cada vez más despacio.
El modelo había extrapolado hacia el futuro una característica que era propia de un determinado momento histórico.
Pensaron que la foto era la película entera.Una tendencia, no una leyComo advierte Birchenall, no se puede confundir una tendencia histórica con una ley de la naturaleza.
Es como creer que un niño de 3 años va a mantener su ritmo de crecimiento para toda la vida.
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