Jugar a 40 grados: el calendario deportivo choca con la nueva realidad climática
Durante décadas, el calor fue una variable más en una competición deportiva. Se hablaba de la temperatura, de la humedad o de una ola de calor como quien habla del viento: una circunstancia que podía complicar un partido, una carrera o un entrenamiento, pero que no obligaba a cambiar el calendario . Esa lógica empieza a quedarse antigua. El verano de 2026 ha acumulado suficientes episodios extremos como para entender que el problema ya no es meteorológico. Es deportivo.
El caso más grave ha llegado desde Japón, donde el jugador de rugby fijiano Saimoni Vunilagi murió tras un entrenamiento en condiciones de calor extremo , en un episodio que está siendo investigado como un posible golpe de calor. En el tenis se han producido también episodios de jugadores afectados físicamente durante partidos y el ciclismo vuelve a enfrentarse a temperaturas que condicionan directamente el rendimiento y la seguridad.
La cuestión empieza a ser incómoda porque el calendario deportivo no se ha diseñado pensando en el clima de 2026 . Se ha construido alrededor de temporadas, contratos televisivos, disponibilidad de estadios, vacaciones, desplazamientos y ventanas internacionales. Cambiar una hora de inicio puede parecer sencillo, pero detrás hay miles de entradas vendidas, retransmisiones internacionales, trabajadores, seguridad y millones de euros.
El deporte ya dispone de herramientas para responder a estas situaciones. El problema es que no existe una respuesta universal que determine cuándo una competición debe detenerse . El calor no depende únicamente de los grados que marque un termómetro: también influyen la humedad, el viento y la radiación solar.
Por eso organismos científicos utilizan el WBGT , un índice de estrés térmico que permite medir de una manera más completa las condiciones a las que está sometido el deportista. El Comité Olímpico Internacional recomienda que los organizadores monitoricen las condiciones antes y durante las competiciones y establezcan escalas de riesgo y medidas concretas. Entre ellas aparecen sombra, hielo, zonas de recuperación, hidratación, aclimatación y protocolos médicos específicos.
En otras palabras, no se trata de entregar más botellas de agua y continuar jugando . Cuando existe un riesgo elevado, la solución puede ser modificar el horario, retrasar una prueba, reducir su duración o incluso suspenderla.
El Mundial de 2026 fue uno de los grandes experimentos. FIFA estableció pausas de hidratación de tres minutos en todos los partidos , independientemente de las condiciones meteorológicas, con una parada alrededor del minuto 22 de cada parte. La medida pretendía garantizar un mínimo de recuperación para los jugadores en una competición disputada en Canadá, México y Estados Unidos.
Pero las pausas son solo una parte de la solución.
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