¿Sabías que Eduardo Chillida fue futbolista? La desconocida historia detrás del escultor del 'Peine del Viento'
Resulta tentador comenzar un perfil de Eduardo Chillida hablando del hierro. Es lo que manda el manual. Hierro, hormigón, toneladas, formas imposibles y alguna fotografía del Peine del Viento recibiendo estoicamente una ola atlántica. Sin embargo, para entender a Chillida quizá convenga empezar por una portería.
Porque antes de ser uno de los escultores españoles de mayor proyección internacional del siglo XX, Eduardo Chillida Juantegui fue guardameta de la Real Sociedad . Nacido en San Sebastián el 10 de enero de 1924, debutó con el primer equipo donostiarra el 27 de septiembre de 1942 frente a Osasuna. Tenía 18 años. El archivo histórico del club contabiliza 14 partidos oficiales con la Real durante la temporada 1942-1943; once de Liga y tres de promoción . Una lesión de rodilla acabó prematuramente con su trayectoria futbolística.
La frase suena demasiado perfecta como para resistirse a ella, pero en este caso no es solo un recurso periodístico. El propio artista reconoció años después que aquella experiencia bajo los palos influyó en su manera de comprender el espacio . La Real Sociedad ha recuperado precisamente esa relación entre fútbol y escultura al recordar cómo Chillida trasladó a su creación conceptos aprendidos como guardameta: posición, distancia, movimiento, anticipación y, sobre todo, espacio.
Un portero vive pendiente de lo que ocurre y también de lo que todavía no ha ocurrido. Calcula trayectorias, ocupa huecos, interpreta distancias. El balón puede estar en un lugar, pero su trabajo consiste muchas veces en adivinar dónde estará un segundo después.
Después del fútbol comenzó estudios de Arquitectura en 1943, aunque no terminó la carrera. En 1947 se orientó definitivamente hacia el dibujo y, un año después, se trasladó a París, donde inició su trabajo escultórico. Tras regresar al País Vasco, en 1951 realizó Ilarik , su primera escultura en hierro , un material que terminaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de su obra.
La arquitectura, como el fútbol, tampoco desapareció completamente de su cabeza cuando decidió abandonarla. Chillida desarrolló una obsesión intelectual y plástica por asuntos como el límite, la materia, la gravedad, la escala, la luz y la relación entre los cuerpos y aquello que los rodea.
Sus grandes estructuras de hierro tienen algo de imposible anatomía. Se abren, se cruzan, se retuercen, parecen buscarse y rechazarse simultáneamente. A veces son brazos. A veces raíces. A veces puertas que conducen exactamente a ninguna parte.
Chillida trabajaba con materiales tradicionalmente asociados a la fuerza, la industria o la arquitectura -hierro, acero, hormigón- y conseguía que parecieran estar pensando.
No se limitó, además, al hierro. Experimentó con madera, alabastro, tierra chamota y papel , entre otros materiales. Su trayectoria avanzó desde aquellas primeras esculturas hasta una investigación cada vez más profunda de la luz, el espacio y la arquitectura.
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