Víctor Hernández vuelve a reinar en su feudo
Las peñas tocaron el Himno de España tras el paseíllo, seguido del hit del verano pasado, que continúa sonando (aquel que habla del Presidente del Gobierno y menta a su madre), dispuestas a ver a un torero que consideran como propio.
Y bien que disfrutaron.
Una tarde importante dejó Víctor Hernández, madrileño criado taurinamente y muy vinculado a la ciudad alcarreña, que cerca estuvo del pleno de las cuatro orejas.
Una la perdió por la espada, pero las tres que fueron a su esportón le hicieron salir en volandas entre muchísima chavalería, que llevaba una bandera de Ceuta, coreando el grito al que se unió todo el público: «Ceuta no vende, Ceuta se defiende».
Pero más allá de cuestiones políticas, el protagonista de la tarde fue Hernández.
Hacía tiempo que no ofrecía una imagen tan pausada, centrada y entregada.
Tanto, que ya de salida recibió a su primero con un farol de rodillas.
El de Cuvillo pasaba por ahí, pero eso no impidió al torero pegarle una extraordinaria verónica por el derecho, y una preciosa larga de tejadilla.
Tras un inexistente primer tercio (donde el toro acudió al peto, pegó un cabezazo y se fue, siendo complicado que el pica le metiera las cuerdas), quitó Hernández por saltilleras, con la gente ya entregada.
Qué buena cuadrilla lleva Víctor, que se lució en el segundo tercio, tras lo que, en la boca de riego, se plantó de hinojos para sacarse a Postinero por la espalda.
La corrida estaba saliendo maleja, y éste parecía tener los mismos defectos de sus hermanos, que eran muchos, pero al habérselo dejado crudo, rompió a embestir.
Con su nula clase, y echando la cara arriba sin parar.
Pero embestía.
Eso lo supo aprovechar el de Los Santos de Humosa para llevarlo muy largo al natural, por donde llegaron los mejores pasajes de la obra, que terminó en las cercanías una vez rajado el astado.
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