El otro calvario de las víctimas de una negligencia médica o institucional: entre 3 y 10 años de espera para obtener justicia
Salir con vida de un hospital después de haber sufrido una negligencia médica —o sobrevivir a un accidente que podía haberse evitado— no significa necesariamente que haya terminado el calvario.
Para muchas víctimas, el vía crucis continúa cuando comienza una segunda batalla, menos visible pero igualmente devastadora: demostrar qué ocurrió, quién fue responsable y quién debe asumir el coste de una vida que ya nunca volverá a ser la misma.
Un largo camino hasta que logra resarcirse finalmente el daño y los afectados reciben una indemnización.Primero están las lesiones, la discapacidad, las secuelas, el dolor y el impacto psicológico.
Después llega la espera.
Meses y años para que una Administración o un tribunal determinen responsabilidades y establezcan una reparación.
Tres años de media, según la experiencia de los profesionales consultados por ABC, aunque los recursos pueden llevar algunos casos hasta una década.
Para quien ha quedado gravemente discapacitado, el tiempo judicial no es una cifra abstracta: son años en los que hay que pagar tratamientos, adaptar una vivienda, contratar cuidados y mantener a una familia mientras la vida se ha quebrado de un día para otro.Es en esa distancia, entre la urgencia de las necesidades de la víctima y la lentitud del procedimiento aparece lo que algunos expertos denominan 'violencia institucional': acciones u omisiones de autoridades, funcionarios o agentes del Estado que pueden dilatar, obstaculizar o dificultar el ejercicio efectivo de los derechos.
El caso de Raúl Miralles, trabajador del Ayuntamiento de Bacares (Almería), representa de forma especialmente cruda ese doble calvario.
En septiembre de 2025, cuando tenía 47 años, un accidente laboral cambió radicalmente su vida.
A primera hora de la mañana acudió al castillo de la localidad para realizar tareas de desbroce.
Mientras trabajaba, cayó al vacío desde una altura de 25 metros.«Cuando se precipitó al vacío, iba totalmente desprotegido, sin medidas de seguridad.
Solo llevaba una desbrozadora atada a la cintura y un casco de pega que salió volando antes del impacto», relata su esposa Marta Rodríguez, en declaraciones a ABC.El impacto le causó lesiones muy graves e irreversibles.
Raúl sufrió un daño cerebral severo, quedó paralizado del lado izquierdo y perdió prácticamente toda la fuerza de la pierna derecha.
La caída también le destrozó la cadera y le ocasionó un importante traumatismo craneal.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.