Macron corteja al despiadado Bin Salman para mantener la influencia francesa en Oriente Próximo y hacer negocios
El Heredero saudí aborda en París el desafío iraní, el cierre del Estrecho de Ormuz y la situación en Líbano, a la vez que 'blanquea' su imagen
Aunque nada tengan que ver el clima y la fisonomía de Arabia Saudí y Francia , Mohamed bin Salman se siente como en casa en París. En sentido literal, ya que el príncipe heredero del Reino del Desierto y su gobernante de facto se aloja cuando se desplaza a la ciudad de la luz en su espléndido Château Louis XIV , o Castillo de Louveciennes, construido entre 2008 y 2011 en estilo neoclásico, a escasos kilómetros de la capital, por el que pagó en 2015 la friolera de 275 millones de euros, lo que convirtió a la chocita en el castillo privado más caro del mundo. Pero también en sentido figurado. Y es que MBS no olvida que Francia, y en concreto su aún presidente, Emmanuel Macron , se convirtió en el gran blanqueador internacional del despiadado Heredero cuando le puso la alfombra roja en 2022 en el que fue su primer viaje a Europa en plena polémica global por la muerte de Jamal Khashoggi . El periodista fue asesinado en el interior del consulado de Arabia Saudí en Estambul en 2018 en una truculenta operación por la que fue señalado directamente quien está llamado a convertirse en el próximo rey de los saudíes.
Cierto es que el entonces presidente de Estados Unidos, Joe Biden, había adoptado ya los principios de la realpolitik para exonerar a MBS, y que después Donald Trump le rehabilitaría del todo y le devolvería el estatus de mayor aliado de Occidente en Oriente Próximo . Pero chocó mucho que en la Francia de la libertad, la fraternidad y demás zarandajas que se agitan u olvidan con tanta facilidad, comenzara justamente la campaña de total impunidad de la que presume el implacable líder de la Casa Saud.
Tampoco parece que en la nueva visita que Bin Salman realiza entre ayer y hoy a París se le vaya a importunar con asuntillos menores como los derechos humanos. Porque Macron, que en su recta final en El Elíseo se agarra a cualquier clavo ardiente para mantener su influencia internacional y vender a la ciudadanía su rol de mediador sin igual y gran capacidad de atracción de megainversiones, confía mucho en la interlocución con el Heredero saudí para que París siga desempeñando un papel hiperactivo ante la crisis con Irán , en especial por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, pero también en el resto de conflictos abiertos en Oriente Próximo, como la estabilización del Líbano o la tensión creciente en una Siria acosada sin tregua por Israel. Macron quiere discutir rutas alternativas a Ormuz, incluidos puertos omaníes, oleoductos que han cobrado protagonismo y hasta conexiones ferroviarias, asuntos que ya abordó con el sultán de Omán, Haitham bin Tarik , a quien recibió el pasado 29 de junio.
Francia tiene muchos viejos intereses en la zona, y está muy comprometida con el laberinto libanés, donde el peso de Riad es grande. Y, más allá de lo geopolítico, señalábamos la incesante actividad del Elíseo para encontrar vías de negocio en unas circunstancias tan adversas.
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