Las adversidades (1914-1922): contra viento y marea
La Exposición que Sevilla quería celebrar a partir de la nueva fecha marcada por el Gobierno de Madrid, el 1 de enero de 1916, tropezó con un serio inconveniente que marcaría toda la historia del certamen incluso hasta después de cerrar las puertas.
Sin dinero, con una ciudad empobrecida y unos niveles de mortalidad que superaban a los de cualquier capital europea asimilable en tamaño, la aventura de la Exposición era la de un comité y un Ayuntamiento deseosos de encontrar una vía de financiación.
A ello se respondió de diferentes formas, no sin tropiezos y en medio de críticas que convirtieron en un espejismo la unanimidad con la que se había saludado la iniciativa apenas un lustro antes.
El nuevo comité organizador a cuyo frente estaba Rodríguez Caso ideó a tal efecto un arbitrio que vendría a sustituir al impuesto de Consumos (herencia espuria de las alcabalas y el almojarifazgo) que el Gobierno de Canalejas había suprimido a partir de 1912.
En Sevilla, sin embargo, la desaparición de aquel tan impopular tributo se retrasó hasta 1915, fecha en que vencían los contratos de arrendamientos de recaudación.
El Congreso aprobó unas gabelas sustitutivas al impuesto de Consumos que entrarían en vigor en Sevilla a partir de 1916 durante diez años para abonar el coste de la exposición.
Las quejas no tardaron en manifestarse en la opinión pública en aquel verano de 1914 en que el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo prendió la mecha de la Primera Guerra Mundial .
El conflicto bélico supuso la excusa perfecta para aplazar la fecha de la muestra internacional hasta que no se aclarara el panorama.
Pero la cara de esa medida sensata tuvo su cruz en el desempleo y la carestía de la vida para los obreros y las clases trabajadoras empleadas en la construcción.
La repercusión en los precios de las materias primas (el acero, principalmente, destinado a la industria bélica) hizo que se ralentizaran los trabajos sin que disminuyera la conflictividad social en la ciudad y las opiniones abiertamente refractarias o escépticas sobre la Exposición Hispanoamericana.En tales circunstancias, el conde de Colombí , Fernando Barón y Martínez de Agulló, coruñés que había entrado en la escena política local al casarse con Carmen Benjumea Taravillo, de la influyente familia sevillana de propietarios agrícolas, propuso un plan de reformas higienistas en la ciudad que se dio a conocer en agosto de 1915, haciéndose eco de las reivindicaciones de las clases populares.
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