Shakira se corona en el mundo de Shakira ante 50.000 feligreses entregados
La fila de seguidores de la entrada es de casi un kilómetro de largo, pero avanza rápido.
Milagro.
Al entrar, cuando la pantalla gigante del escenario empezó a emitir una hora antes los videoclips de 'Zoo', 'La Tortura', 'Chantaje', 'Puntería' y 'Dai Dai', había cierta sensación de que, en realidad, el concierto había comenzado muchos meses antes.
En concreto, desde marzo, cuando Shakira anunció que regresaba a España ocho años después de su gira de 'El Dorado', para una residencia de tres conciertos que, por arte de magia y de la demanda, se convirtieron en 12 y que, además, construirían todo un estadio para la ocasión.
Ríete tú de Bad Bunny o la descomunal bola del mundo que Kanye West plantó en el centro del Riyadh Air Metropolitano.
Ahora, si no construyes una ciudad, no eres nadie. ¿Qué será lo próximo? El caso es que el Estadio Shakira –que así se llamó por si había alguna duda– impone mucho.
Más de 40.000 metros cuadrados y una zona VIP para más de 3.000 seguidores a 1.400 euros la entrada.
Las más baratas, la del resto de mortales, a 'solo' 110 euros.
Casi todas vendidas.
Unos 600.000 asistentes en los 12 días con un impacto económico, se apresuraron a contarnos, de unos 150 millones de euros.
Las mujeres facturan, efectivamente.
Y por si no fuera suficiente, el Macondo Park, un recinto gigante también erigido para esta visita en los alrededores en homenaje al pueblo imaginario de 'Cien años de soledad', la obra maestra de Gabriel García Márquez, solo que aquí se transforma en una especie circo o parque de atracciones –sobredosis de estímulos– para mayor gloria de la cantante y la cultura latina.
A mediodía, miles de seguidores hacían cola para disfrutar antes de la actuación de los ocho pabellones dedicados a la moda, la gastronomía, la literatura o el cine latinos, pero sobre todo, al consumo… y a Shakira, claro. ¿Qué habría pensado el Premio Nobel de Literatura si levantara la cabeza? Guitarricadelafuente actuó antes en otro escenario, otra sala, otra construcción, junto a una escultura gigante de una loba, e hizo bailar a los presentes a grito de «¡arriba Macondo!», nada de «¡arriba Madrid!».
Hasta que –tras meses de noticias sobre las obras, el ruido que ha afectado a los vecinos de Villaverde, la multitudinaria llegada de la protagonista al aeropuerto, los mensajes al que firma esta crónica de fans que querían saber dónde se alojaba la cantante–, en la pantalla apareció por fin una imagen de Shakira caminando salvaje por un desierto.
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