Separar el fútbol del fútbol
Uno empieza queriendo una vida tranquila y acaba queriendo una vida sin vida.
Sin discusiones, sin sobresaltos, sin personas inoportunas, sin errores y sin ninguna posibilidad seria de hacerse daño.
Una vida perfectamente ordenada, donde nada irrumpe, nada descoloca y nada obliga a salir de sitio.
Muy segura.
Muy limpia.
Muy previsible.
Muy parecido a una sala de espera, de esas en las que uno no sabe muy bien qué está esperando, pero procura no tocar nada mientras tanto.
Queremos enamorarnos, pero con una cláusula que nos permita salir ilesos.
Que alguien nos importe lo suficiente como para cambiarlo todo, aunque no tanto como para desordenarnos la semana.
Queremos viajar, pero sin turistas; vivir en una ciudad, pero sin ruido; tener amigos, aunque agradeceríamos que vinieran sin algunas de sus manías.
Nos gustan las cosas.
Lo que llevamos peor son las cosas que vienen con las cosas.
Con el fútbol ocurre algo parecido.
Hay gente a la que le gusta muchísimo el fútbol, siempre que el fútbol no se empeñe en comportarse como el fútbol.
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