El último curso del plan pastoral diocesano
Con el curso que ahora se inicia, la archidiócesis de Sevilla asiste al último curso de aplicación del plan pastoral diocesano 'Duc in altum' cuya vigencia abarca desde 2022 a 2027.
Se trata de un instrumento pastoral en el que el pastor de la Iglesia en Sevilla establece aquellas áreas prioritarias sobre las que poner el acento cada año.
Se trata de grandes líneas maestras cuya aplicación queda supeditada, en muchos casos, al criterio de los párrocos o de las delegaciones diocesanas implicadas.
Para este curso pastoral, el arzobispo, José Ángel Saiz Meneses, ha escogido «tres aspectos de nuestra vida espiritual y pastoral» sobre los que poner el énfasis.
Son la confianza, la comunión y la alegría, inspiradas del episodio de la pesca milagrosa narrado en el Evangelio de Lucas que inspira su lema episcopal, 'Duc in altum'. «También nosotros experimentamos cansancio y desánimo, y comprobamos que evangelizar resulta hoy muy difícil.
Pero lejos de caer en la nostalgia o el pesimismo, hemos de seguir remando mar adentro y echando nuevamente las redes fiados en la palabra del Señor», dice el prelado hispalense.
Pero más allá de su vigencia, y su reemplazo por el nuevo plan pastoral para los años venideros, es la situación de la archidiócesis la que llama la atención en este inicio de curso.
A nadie se le escapa que monseñor Saiz Meneses estará en la terna definitiva de la que habrá de salir el sustituto del dimisionario cardenal Omella (80 años cumplidos) en la delicada archidiócesis de Barcelona.
Hasta que no se resuelva el reemplazo en aquella sede, muy comprometida por los indispensables equilibrios políticos, pastorales y hasta lingüísticos a los que obliga, no se despejará el horizonte en Sevilla.
A estas alturas, todo son conjeturas.
La única certeza saldrá del boletín de prensa de la Santa Sede cuando se anuncie la aceptación de la renuncia del cardenal Omella y su relevo 'ipso facto'.
Esa incógnita tiene a su vez una derivada en la situación del obispo auxiliar de Sevilla Ramón Valdivia , que lleva desde diciembre ejerciendo como administrador apostólico de Cádiz y Ceuta.
Este verano, además, ha tenido que hacer frente a la situación creada en la ciudad autónoma norteafricana tras la entrada irregular de alrededor de 80.000 personas.
Su ejecutoria de pastor en las comprometidas circunstancias ha sido muy digna pese a cierto titubeo inicial.
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