Un verano en Caudete, el pueblo que aprende con las estrellas del viento metal y rifa pasodobles
A Caudete nadie le gana en viento.
En viento metal, claro, porque de este pueblo albaceteño han surgido varias generaciones de músicos que hoy están repartidos por el mundo.
Por eso, en verano, Caudete suena a viento.
Un viento que corre por sus calles y que sube desde la plaza de toros hasta el paseo.
Por allí se escucha algo de John Williams, una melodía potente que resuena en los balcones, se cuela por las ventanas y se escapa por las rendijas de las casas de quienes viven allí y de quienes veranean.
Es, además, un sonido tan atractivo que prácticamente obliga a seguirlo hasta descubrir, con cierta sorpresa, que allí, en la Escuela Municipal de Música, hay alrededor de sesenta jóvenes tocando juntos, todos con la misma camiseta.
Son los jóvenes del Numskull Brass Festival, un festival internacional de música de viento metal que se celebra cada verano en la localidad castellano-manchega de Caudete y que se estructura en torno a dos actividades fundamentales: el ciclo de conciertos nocturnos, una serie de conciertos gratuitos especializados en la música de viento metal y el curso de viento metal de perfeccionamiento especializado en trombón, trompeta, trompa, tuba y bombardino.«Estaba en la escuela Juilliard de Nueva York cuando un grupo de amigos que estudiamos en el Conservatorio de Alicante, algunos de ellos del pueblo, decidimos hacer un curso de música para los amigos.
Era una forma de reunirnos los que en ese momento vivíamos en un lugar distinto y aprender», confiesa Ricardo Mollá, compositor y trombonista que ha dado vida a este festival.
Lo que era un encuentro de amigos es hoy un festival que acoge a más de 120 chicos de distintas nacionalidades del mundo y que es, además, sin ánimo de lucro.
Una locura, pensarán algunos, pero parte del convencimiento del bien que hace la música. «Dota nuestra mente de esa sensibilidad tan necesaria para poder entender a los demás y ser entendidos que nos convierte en personas y nos aleja de ser poco más que seres embrutecidos rodeados de aparatos.
La música presta un valioso servicio a todos, incluso a quienes no la escuchan, pues también estos reciben los frutos de quienes sí lo hacen.
Fortalece la música y al mismo tiempo la acerca a la gente».
Aunque el viento de esta gente ha empezado desde bien temprano, como cada mañana, en unas habitaciones improvisadas (aunque cada vez menos, después de doce ediciones), con literas en el polideportivo de Caudete.
Tienen entre nueve y veinte años y se levantan cada día con la mejor de sus sonrisas porque, para muchos, están pasando el mejor verano.
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