Una mochila para soñar igual que los demás niños
El primer día de cole de este nuevo curso, la pequeña Scarlett Noemí, 7 años, como tantos niños, estrena mochila.
Es azul, roja y blanca.
Parece una mochila cualquiera pero no lo es.
Va llena pero no pesa, sino que, al contrario, la hace más fuerte, aunque ella no lo sabe.
Igual que confunde nervios con ilusión: qué lata tener que volver a memorizar y recitar las tablas de multiplicar, pero qué ganas de volver a pasar horas y horas con sus amigas.
De jugar en el recreo, de contarse lo que han hecho en verano.Marcia, su madre, 45 años, también lleva algo de nervios.
Al fin y al cabo, es el primer día de cole de su pequeña.
Qué mayor se está haciendo.
Bien sabe ella lo rápido que pasa el tiempo con los críos: tiene tres mayores.
Su nerviosismo se entremezcla también con la ilusión, que en su caso es seguridad, de recordar que la niña estará bien cuidada mientras ella trabaja.
Como a Scarlett, la nueva mochila también le da energía: le recuerda que hay más gente cuidando de su hija, ayudando a la conciliación familiar, encargándose de su educación.
Porque la mochila de Scarlett es una gran mochila, no porque por su tamaño le sobresale por la espalda, sino por todo lo que contiene dentro.
No son sólo un par de lápices, rotuladores de colores, goma, sacapuntas, cuadernos...
También todo lo que no puede guardarse en la cajonera de un pupitre y pesa tanto, o más, en la educación y la formación de un niño: la seguridad de contar con una red que sostenga su infancia.Scarlett es uno de los niños del programa CaixaProinfancia de la Asociación Educativa Ítaca en L'Hospitalet de Llobregat.
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