Elogio de Maricarmen
A los ochenta y siete es fácil que se te cuele un timador para desnudarte de nuda propiedad o embellecerte la 'boiserie' con un conjunto de tacitas con el borde de oro de dieciocho quilates.
Lo que le ha faltado a esta pobre señora es una hija furiosa y con muchos dientes.
Mi hermana rescató a su suegra de Berlín cuando ya le habían colocado un cargamento de vino que no bebía, tropecientos 'bricks' de zumo de arándanos –no padecía cistitis– y una cama articulada de dos mil quinientos euros.
Ahora duerme en un modesto lecho español, pero pasea dos veces al día con noventa años y sus nietas.
Anne Carson, neopremio Nobel, visita a su madre en sus poemas, la mira con embeleso comer lechuga y contempla con ella el páramo nevado.
A la madre de Carson nunca le harán como a Maricarmen, una madre es sagrada.
Cójase una anciana, colóquesela al frente de una manifestación para que le cante Ana Belén «Mírala, mírala» y ya verán qué pasa.
Hijos de la grandísima perra.
Si a mi madre la usan como a Maricarmen, no respondo.
Dos chaquetas le probamos el otro día en la modista para la boda de mi sobrina y quedó extenuada.
Ahora en Twitter dicen que la han matado los buitres, Pedro Sánchez o Feijóo, convengamos en que a nadie le importa un ápice.
Dudo mucho de que Maricarmen Abascal hubiese hecho el cameo de conocer el final de la película.
Los seres humanos nunca sospechamos, Aquiles no imaginó que moriría por el talón, Agamenón se fió de Clitemnestra.
Lamentamos aquel cigarro adolescente cuando padecemos cáncer de pulmón, los dioses no nos conceden anticipar.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.