La conmoción por la muerte de Maricarmen monopoliza la precampaña
Un nuevo elemento inesperado irrumpe en la sobrecalentada política española en un momento decisivo, a 52 días de las elecciones y con los cuarteles generales de los partidos preparando la batalla final y cada vez más nerviosos. La muerte de Maricarmen Abascal 15 días después de ser desahuciada por un fondo inmobiliario tuvo muchos efectos, sobre todo una enorme conmoción social, que provocó mucho dolor y una ola de simpatía aún mayor hacia su figura, pero también tuvo su inevitable vertiente política.
El PP madrileño reaccionó de forma tensa, vetando los minutos de silencio en la Asamblea y el Ayuntamiento de Madrid que pedía la izquierda y que, sin embargo, sí aceptó sin problemas el PP valenciano en Les Corts , algo difícil de justificar. Un parlamento a 400 kilómetros de Madrid hizo ese minuto de silencio, pero el del lugar en el que vivió toda su vida y murió no lo hizo.
El Gobierno ha apostado por el perfil bajo el día después de la muerte de Maricarmen, precisamente, porque es consciente de que es un asunto muy inflamable en el que la derecha ya está acusando a la izquierda de utilizar la tragedia para ganar votos. Pedro Sánchez se limitó a un tuit cuando se conoció la noticia de la muerte , el miércoles, pero no ha hecho ningún gesto como acudir al tanatorio o tratar de calentar más unos ánimos ya muy desbocados.
Mientras, Alberto Núñez Feijóo ni siquiera mencionó a Maricarmen en su discurso ante la Junta Directiva Nacional, pero entendió rápidamente la potencia electoral que puede tener esta conmoción y animó a su cúpula a frenar esa ola. “No vamos a permitir el intento de manipulación emocional a los ciudadanos” , les dijo, mientras les insistía en que no caigan en “las trampas” de la izquierda.
En la derecha aún está muy fresco el recuerdo de las elecciones de 2023, en las que la izquierda dio la vuelta a las encuestas con una campaña alrededor del miedo a Vox; o la de 2019, cuando la foto de Colón (PP, Vox y Ciudadanos juntos) la empujó a una victoria; y otras también de giro total, como la de 2004, cuando las ocultaciones del Gobierno de Aznar sobre la autoría del atentado del 11-M generaron una ola que acabó dando la victoria a Zapatero.
Feijóo ya viajó a Ceuta casi como primer acto de precampaña y se centra en hablar de corrupción para intentar devolver la agenda política española a donde estaba hace dos semanas, antes del desahucio de Maricarmen.
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