No me gusta que al Congreso te lleves el gas pimienta
Total, que la diputada popular Ana Belén Vázquez sacó del bolso un espray de gas pimienta , lo mostró como quien muestra una centolla de la ría y, con ella a la altura de la sien, le pregunto a Marlaska: «¿Es esta la nueva normalidad a la que tienen que acostumbrarse los ceutís?».
El ministro respondió como suele, que es no respondiendo, así que la sesión continuó con una pregunta de UPN y otra del PNV que no llegó a ser formulada porque, en ese momento, Armengol decidió detener el pleno para llamar al orden a la diputada popular «por haber enseñado un arma».
Antes de nada, hay que aclarar que efectivamente un espray de pimienta se considera un arma de la cuarta categoría y, por lo tanto, su uso está permitido solamente en situaciones de legítima defensa, es decir, aquellas en las que existe un riesgo inminente para la seguridad personal.
Que no es el caso.
La ley prohíbe expresamente su exhibición pública y su uso en aglomeraciones de personas.
Por ello, la presidenta del Congreso, con ese 'mood' que tiene siempre como de estar saliendo de pilates, le rogó que abandonara el hemiciclo para depositarlo, supongo que en la comisaría que hay en el Congreso.
La bancada del PP se levantó escandalizada, como si el reglamento fuera una ofensa a su grupo, pero Vázquez se negaba a abandonar y seguía pidiendo la palabra, que le fue negada reiteradamente.
Por lo que pude entender, la popular decía que el bote estaba vacío, que lo había vaciado enterito.
No sé si ese fue el motivo por el que minutos después la Policía Nacional decidiera precintar varias zonas de los edificios del Congreso al confirmar que una trabajadora del Congreso y parte de una delegación de Mauritania se sintieran indispuestas «tras inhalar algún tipo de sustancia de origen desconocido», probablemente gas pimienta.
O sea que uno se levanta exigiendo seguridad al gobierno y acaba poniendo -presuntamente– en riesgo a todo poder legislativo.
De lujo.En cualquier caso, tras unos minutos de bochorno, griterío y ambiente de estadio argentino, la diputada salió del hemiciclo.
Su bancada decidió despedirla en pie y con sonoros aplausos. ¿Toda? ¡No! Un pequeño escaño poblado por un irreductible galego resistía impertérrito el espectáculo.
Y era Feijóo, claro.
Quiero pensar que, presa del bochorno, el líder popular decidió desmarcarse de la 'barra brava' y el 'pimienta-gate' para mostrar algo de institucionalidad y decoro.
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