Santa María Purísima, siempre tras su modelo Santa Ángela
Tal día como hoy, 18 de septiembre , festividad de Santa María de la Purísima, se cumplen 16 años de la Beatificación de esta Hermana de la Cruz en el Estadio de la Cartuja, que presidió la imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena.
A las siete de la tarde en la capilla de la Casa Madre, el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, presidirá la eucaristía a la que asistirán los sacerdotes que lo deseen.Para las Hermanas de la Cruz la subida a los altares de Madre Purísima fue una gran alegría por varias razones.
La primera porque a la fundadora, Sor Ángela, se unía en los altares una religiosa del Instituto, que demostraba que el camino de santidad que Dios inspiró a la zapaterita sevillana era viable y posible, pese a las críticas recibidas por su austeridad y rigor.
Otras razones eran el cariño que las Hermanas tenían a la que fue Madre General de la Compañía durante 22 años y había cumplido las Bodas de Oro antes de su muerte , tras entrar en el convento en 1944 como postulante con 18 años.
Muchas religiosas habían compartido con ella noviciado, y toda su trayectoria como profesora en Lopera, Valladolid y Estepa.
También la admiraban por su manera de dirigir el noviciado cuando fue maestra de novicias durante tres años, y en su etapa fecunda de superiora en Villanueva del Río y Minas.
Otro de sus cometidos fue estudiar con Hermana María Sofía la conveniencia de dividir a la Compañía por provincias y las dos fueron nombradas provinciales.
Santa María Purísima realizó un verdadero estudio para que las Hermanas que acudieran al Capítulo General pudieran expresar su opinión con responsabilidad.
Al final la división se desestimó.Tras el Capítulo General, la Hermana María de la Purísima quedó trece meses sin oficio fijo.
Lo cuenta el sacerdote José María Javierre, su biógrafo, en su libro «Una chica del Barrio de Salamanca.
Madre Purísima de la Cruz».
Cada día por la mañana acudía a la distribución de oficios y preguntaba a la superiora qué trabajo tenía que hacer durante la jornada.
Su tarea era variada: la compra en los puestos de la plaza de abastos de la Encarnación, dar clases a las niñas del colegio, fregar los suelos y los cacharros de la cocina que dejaba como los chorros del oro.
De su boca no salió nunca una queja, ni un gesto desagradable.
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