Aguantad la belleza
En 'La belleza del marido', la nueva premio Nobel Anne Carson dice que la vida implica riesgos y que el amor es uno de ellos. «Aquí tenéis mi consejo, aguantad.
Aguantad la belleza», dice como colofón de su poema.
Yo nunca supe entender del todo si ese 'aguantad' quiere decir 'aguantad lo que conlleva la belleza', es decir, una apelación a una actitud estoica y derrotista ante el sino fatal de toda vida humana, o si, por el contrario, significa 'soportadla', como se soporta el IVA, un compañero idiota o un lunes por la mañana.
Puede también referirse Carson a proteger la belleza en el sentido de sostenerla, de promoverla.
En ese caso el mensaje pasaría de lo estoico a lo epicúreo, a la búsqueda del placer como modo dulce de asumir la derrota.
Pero, en un giro de los acontecimientos, es posible que lo que Carson quisiera decir con 'aguantad la belleza' fuera que la evitáramos, como la tentación.
Es decir, 'aguantad' como llamamiento a la resistencia, como quien aguanta la respiración, una bolsa llena de soldaditos de plomo o la posición en una trinchera. «Aguantad la belleza sin ceder un centímetro a ella».
O sea, miradla, pero con gafas de eclipse, aguantad el impulso para evitar el riesgo.
El original disipa la duda: «Hold the beauty», que nos permite entenderlo como «retened la belleza», «aferraos a ella», «conservadla», como una dama de corazones en una mano de póker.
Esta interpretación añade al imperativo 'aguantad' el sentido de soportar el peso.
Y también sus consecuencias.
La ambivalencia de esta opción es lo que la hace interesante: conservar la belleza y soportar lo que implica.
Después de haber sufrido, Carson descubre que reconocer la belleza de algo implica asumir que esa belleza ya estaba dentro de ella.
Por lo tanto, evitarla exigiría desprenderse de una parte de sí misma.
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