La petarda Wafae
Para completar el panorama del estercolero español, conviene reparar en esa petarda llamada Wafae, que se sumó a la invasión bárbara de Ceuta y se inventó un pasado en Marruecos de opresión patriarcal, integrismo religioso, desigualdad de «género» y demás fantochadas que hacen salivar al progrerío de encefalograma plano; un «relato» que la prensa sistémica divulgó con esa pasmosa unanimidad que convierte a los cisnes de la sonatina rubeniana en patosos aprendices.
Pero alguien tuvo la ocurrencia de husmear la morralla que la petarda Wafae publicaba en Instagram y quedó probado que en realidad es una pijaza que lame las almorranas de Mujamé y se fotografía bajo su retrato en el Sahara ocupado y peregrina devotamente a La Meca y vive temporadas en Dubai, donde hace caja ordeñando jeques.La petarda Wafae, a simple vista, no se distingue de miles de petardas que pululan por las redes sociales, luciendo palmito y poniendo morritos, cuando no luciendo y poniendo otras cosas ( «creadoras de contenido» , las llaman), con la esperanza de acaramelar rijosillos que les sufraguen el tren de vida.
Tampoco la farsa que se sacó del magín la distingue demasiado de miles de pájaras que se inventan episodios traumáticos (que si su papá les daba butifarra cuando eran niñas, que si tal político o cantante las encalomó a traición) para «victimizarse» y convertirse en mártires feministas.
La historia de la petarda Wafae nos fascina porque invierte el método empleado por los pícaros de antaño, que para medrar fingían ser ricos y estar bien alimentados (por eso se escarbaban los dientes con un palillo o se espolvoreaban de migas la pechera).
La petarda Wafae, por el contrario, recurre a la estética «pauperista» como «ascensor social», porque ha descubierto que imitar paródicamente a los inmigrantes le puede rendir pingües beneficios.
Poniendo morritos en Instagram sólo puede aspirar a pescar algún rijosillo; en cambio, fingiéndose perseguida y discriminada puede pescar mamandurrias oficiales, puede montar un chiringuito con manguerazo de subvenciones, puede pontificar en las tertulias, puede ser incorporada a cualquier comité de «ejpertos», puede ser nombrada ministra.Y así completamos el panorama del estercolero español.
Porque España no sólo se ha convertido en el paraíso de las avalanchas inmigratorias, donde se fomenta que los ejércitos de la miseria nos invadan para asegurar la provisión de mano de obra barata, sin importar que la comunidad humana se degrade y envilezca.
España también es el paraíso de mangantes y chupópteros, que pueden vivir opíparamente a costa del contribuyente, con tal de incorporar a su «relato» todas las bazofias progres de moda.
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